¿Por qué los lobos comen ganado?

Esta primera entrada trata sobre un estudio realizado este mismo año (2016) en el norte de Italia, en concreto en la región de Liguria y publicado en la revista Biological Conservation. El «Factor de Impacto» es un indicador bibliométrico usado para medir la calidad de una revista en función del promedio de citas que reciben los artículos publicados en un período de dos años. Actualmente es el indicador más utilizado a nivel mundial en los procesos de evaluación de revistas. En el año 2014  (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Biological Conservation tuvo un «Factor de Impacto» de 3,762. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en sus categorías temáticas en función de este parámetro (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista

Cuartil 

Conservación de la Biodiversidad

44 6

Q1

Ecología

145 29

Q1

Ciencias medioambientales 223 26

Q1

Los autores y otros datos del artículo:

Imbert, C., R. Caniglia, E. Fabbri, P. Milanesi, E. Randi, M. Serafini, E. Torretta and A. Meriggi (2016). «Why do wolves eat livestock? Factors influencing wolf diet in northern Italy.» Biological Conservation 195: 156-168.

El objetivo de este estudio fue determinar los factores que influyeron en la dieta del lobo, en particular, la elección del ganado como presa. El estudio fue realizado desde el año 2008 al 2013. El área de estudio abarcó más de 5343 km2.

Desde el año 2007 al 2013 se recogieron un total de 403 muestras biológicas (tejidos, sangre, orina, pelo y excrementos) de lobo para su análisis genético con el fin de identificar individuos y su sexo. Gracias a ello y tras un posterior análisis informático, consiguieron establecer relaciones familiares (como por ejemplo, las manadas) y su distribución espacial. Mediante el análisis de los excrementos pudieron reconocer las presas consumidas a través de sus restos (pelo, huesos, pezuñas, mandíbulas…). También pudieron identificar otros componentes que aparecieron en la dieta, como hojas y semillas. Calcularon el volumen medio y la frecuencia de aparición, ambos en tantos por ciento (del inglés mean percent volume y percent frequency of ocurrence), para cada categoría de alimento y especie, tanto de ungulados silvestres como domésticos. Otro aspecto interesante de este estudio fue que determinaron la composición de la dieta en dos estaciones (de abril a octubre cuando el ganado está en los pastos y de noviembre a marzo, cuando no lo está); para cada año de estudio; por itinerario muestreado; para cada manada; para el conjunto de manadas y para los lobos dispersantes.

El análisis genético permitió identificar a 58 lobos (31 machos y 27 hembras), 5 perros y 9 híbridos perro-lobo. Un análisis de parentesco permitió asignar 20-21 lobos a 5 manadas distintas a las que se les llamó Imperia, Savona, Antola, Beigua y Spezia con unos territorios de tamaño mínimo estimado en 533, 779, 144, 83 y 101 km2, respectivamente. El resto de los lobos (37-38) fueron considerados dispersantes o flotantes.

RESULTADOS

Del análisis de 1457 excrementos y haciendo un cómputo global de los años de estudio y las provincias, los ungulados salvajes constituyeron el alimento principal de los lobos, seguido de los ungulados domésticos (ganado). De los salvajes, los más consumidos fueron el jabalí (Sus scrofa) y el corzo (Capreolus capreolus) y de los domésticos principalmente cabras, seguidos del ganado vacuno (sobre todo terneros) y ovejas.

Se observaron cambios significativos en la dieta del lobo a lo largo de los años pero no entre estaciones y no hubo indicios de interacción entre ambas variables. Se observó una correlación negativa entre la frecuencia de aparición del ganado y de los ungulados silvestres en la dieta (esto quiere decir que al aumentar el consumo de ungulados silvestres, disminuyó el de ganado doméstico).

También se apreciaron diferencias entre las manadas. La manada Spezia consumió más ganado y mamíferos de mediano tamaño y menos ungulados silvestres que las otras. Además se alimentó con más frecuencia de cabras. También se apreciaron cambios entre manadas en relación a la captura de ungulados silvestres.

Los lobos dispersantes consumieron más ganado (sobre todo cabras y terneros) y mamíferos de mediano tamaño que las manadas, las cuales se comportaron al revés, consumiendo más ungulados silvestres (corzos y rebecos) que domésticos. Hasta tal punto fue distinta la dieta de los lobos dispersantes en comparación con las manadas, que se detectaron diferencias estadísticamente significativas con respecto a todas ellas, a excepción de la manada Spezia.

Durante los 6 años que duró el estudio, se registraron 176 casos de ataques al ganado, de los cuales 15 fueron a terneros y 161 a ovejas y cabras. Los terneros fueron atacados en función de su disponibilidad por las manadas Antola y Savona, fueron evitados por la manadas Beigua, Imperia y Spezia y usados con más frecuencia a pesar de su disponibilidad por los lobos dispersantes. Las ovejas y las cabras fueron atacadas en función de su disponibilidad por las manadas Antola y Spezia, apenas fueron atacadas por las manadas Beigua, Imperia y Savona y lo hicieron más de la cuenta los lobos dispersantes. En conjunto, el ganado fue atacado en función de su disponibilidad por la manada Antola, menos por el resto de manadas y más por los lobos dispersantes.

Mediante un Modelo de Regresión Lineal Múltiple (en inglés Multiple Linear Regression Analyses) en el que consideraron un subconjunto de variables predictoras no correlacionaladas, se obtuvo un único modelo en el que 6 variables explicaron el 80,7% de la varianza en el volumen medio (del inglés variance of the mean percent volume) de la dieta del lobo. La presencia de manadas, los métodos para la prevención de ataques, los bosques caducifolios y la abundancia de corzo, tuvieron un efecto negativo en el consumo de ganado (es decir, favorecieron una descenso de los ataques al ganado), mientras que los pastizales en las áreas cubiertas por transectos y una comunidad diversa de ungulados silvestres tuvieron un efecto positivo.

INTERPRETACIÓN DE LOS RESULTADOS SEGÚN LOS AUTORES

Según los autores, la dieta de los lobos en la región de Liguria estuvo caracterizada por una existencia media-alta de ungulados silvestres y por una parte importante de grandes presas domésticas. La presencia del resto de categorías alimenticias fue prácticamente despreciable. Los lobos de esta región usaron un menor número de ungulados silvestres y más ganado que otros lobos de zonas cercanas, quizás porque la comunidad de presas silvestres en Liguria tuvo dos especies muy extendidas y localmente muy abundantes como el jabalí y el corzo; otras dos localizadas pero con densidades poblacionales elevadas como el gamo y el rebeco y las dos últimas (ciervo y muflón), estuvieron presentes pero fueron raras. Por otro lado, pocos ganaderos usaron métodos de prevención de ataques, dejando a los rebaños (sobre todo a los de cabras) sin resguardo y libres en los pastos durante la temporada de pastoreo.

Las variaciones anuales que se observaron en el uso de los ungulados silvestres y el ganado pudo deberse a las variaciones en la abundancia de su presa principal (jabalí y corzo) ya que el número de cabezas de ganado se mantuvo bastante constante en la región.

Los lobos estudiados consumieron principalmente jabalí. Pudo deberse a la gran abundancia de la especie y a su carácter grupal que los hace fácilmente detectables por el lobo. El corzo fue el segundo más consumido. En este caso, su comportamiento solitario lo hace menos detectable que el anterior, salvo que se encuentre en altas densidades (Meriggi et al., 2011). Se observó un mayor consumo de corzo a lo largo de los años de estudio, quizás debido a su aumento en Italia en las últimas décadas (Carnevali et al., 2009).

La importancia del ganado en la dieta del lobo en esta región no estuvo influenciada por su abundancia. De hecho, las principales especies domésticas consumidas fueron las cabras y los terneros que, en número, se encontraron en tercer y segundo lugar. Las cabras son particularmente vulnerables a la depredación por el lobo porque se dejan desprotegidas y campean libremente por las montañas; además pueden sobrevivir y formar grupos asilvestrados, disponibles todo el año para los lobos, y estos grupos de cabras asilvestradas están aumentando en número y tamaño en Liguria. En lo que concierne a los terneros, los lobos se alimentaron de ellos exclusivamente durante la temporada de pastoreo, mientras que los adultos fueron atacados en raras ocasiones (Meriggi et al., 1996).

No se encontraron diferencias entre la temporada de pastoreo y el resto del año, salvo en el consumo de frutos, que fue mayor en la primera. Los lobos se alimentaron de jabalí en invierno y de corzo en verano, cuando este último es más vulnerable debido a la presencia de jóvenes. Durante el invierno y durante las batidas, los jabalís son heridos y algunos no pueden ser recuperados por los cazadores  y eso facilita su captura por los lobos. También pueden ser más vulnerables por la profundidad de la capa de nieve durante las nevadas (Okarma, 1995). Un dato curioso fue que los lobos, en referencia al ganado, consumieron más cabras durante el invierno, a pesar de que en esa época deberían estar en los apriscos. Como el análisis de excrementos no permite distinguir entre los animales cazados y los consumidos como carroña, pudieron proceder de cadáveres abandonados por los ganaderos o por muertes naturales de cabras asilvestradas cuyos cuerpos fueron conservados por la nieve. Además, algunos ganaderos dejan el ganado en los pastos una parte del invierno.

Las principales diferencias entre las dietas de las manadas, en parte, pudo estar relacionada con las variaciones locales de las especies de ungulados silvestres. Las manadas situadas en provincias con las densidades más elevadas de corzo (Savona y Genoa) consumieron esta presa más que el resto. Por otro lado, el gamo y el rebeco sólo aparecieron en la dieta de las manadas que vivían en las áreas donde estas presas estaban presentes o eran abundantes. El hecho de que la manada Spezia tuviese un porcentaje de ganado en su dieta mayor que otras manadas, pudo ser debido a una adaptación a su consumo por parte del grupo a causa de la escasez de presas silvestres (Meriggi et al., 2011).

Los autores observaron que las manadas consumieron más ungulados silvestres que los lobos dispersantes y que éstos mostraron un mayor uso del ganado que las manadas. Este hecho se confirmó a través del análisis de «uso frente a disponibilidad» (del inglés use vs. availability analyses) que mostró una selección del ganado por los lobos dispersantes mientras que las manadas accedieron a éste menos de lo normal o simplemente cuando estuvo disponible.

Del análisis del modelo se obtuvieron algunos datos bastante informativos. Por ejemplo, la presencia de manadas, al contrario que en el caso de los individuos dispersantes, tuvo un efecto negativo sobre el consumo de ganado (es decir, la presencia de manadas redujo los ataques al ganado), coincidiendo con un menor uso observado del ganado por parte de las manadas en comparación con los dispersantes. Las manadas estructuradas cazan en su territorio y saben dónde encontrar presas silvestres, mientras que los individuos dispersantes, nuevos en la zona, no saben y cazan la primera presa potencial que encuentran. La cantidad de pastizales tuvo un efecto positivo sobre el consumo de ganado porque su distribución fragmentada y dispersa dentro de los bosques, aumenta la zona de contacto entre el bosque y los pastos y facilita los ataques de los lobos (Kaartinen et al., 2009). Como fue de esperar, los métodos de prevención de ataques afectaron negativamente al consumo de ganado (es decir, el ganado desprotegido sufrió más ataques que el que usó medidas de prevención) (Miller 2015). La abundancia de corzo hizo disminuir el consumo de ganado porque en caso de un descenso de la presa principal, como es el jabalí en este estudio, los lobos lo compensan accediendo a la segunda en orden de abundancia y olvidando de esta forma al ganado (Meriggi et al., 2011). La presencia de bosques caducifolios también hizo disminuir el consumo de ganado, debido probablemente a la gran densidad de ungulados silvestres que se puede encontrar en este tipo de vegetación (Fonseca, 2008). No obstante, una comunidad de ungulados silvestres diversa tuvo un efecto positivo sobre el consumo de ganado mientras que si es rica y abundante puede reducirlo en otras zonas (Meriggi y Lovari, 1996).

CONCLUSIONES

De este estudio y teniendo en cuenta el área de estudio, los autores llegaron a varias conclusiones importantes:

  1. Para limitar los daños que los lobos causan al ganado, las medidas de conservación deben ir sobre todo encaminadas a restaurar una rica y abundante comunidad de ungulados silvestres. Este objetivo puede alcanzarse mediante una mejor regulación de la caza del jabalí y el corzo y por unos planes cinegéticos más efectivos para mantener una población estable del primero y para incrementar la densidad del último, en particular en aquellas áreas donde se encuentra en bajas densidades.
  2. Otro paso importante para mitigar el conflicto entre el lobo y el ganado, es fortalecer la presencia de manadas que se puedan encontrar limitadas en número, a pesar de las áreas favorables que disponen en la región. La caza furtiva puede provocar la ruptura de la manada, aumentar de este modo el número de lobos dispersantes, y que se formen nuevas parejas reproductoras en otras zonas, lo que puede inducir una menor eficacia en la captura de las presas silvestres y un consecuente aumento de ataques al ganado (Sand et al., 2006). Del mismo modo, aunque el hecho de eliminar a la pareja alfa puede reducir los ataques al ganado por el abandono del territorio de los otros miembros de la manada, esa vacante territorial puede ser reemplazada rápidamente por individuos dispersantes, que tienen un mayor consumo de ganado que las manadas. Más tarde, se volverán residentes y formarán otro clan. Pero mientras esto sucede, pueden darse numerosos episodios de ataques al ganado (Wielgus and Peebles, 2014).
  3. Evidentemente, los métodos preventivos son importantes para reducir el consumo de ganado, aunque son complicados de usar en pastizales muy extensos y porque aumentan los costes de la cría.

REFERENCIAS

Carnevali, L., L. Pedrotti, F. Riga and S. Toso. (2009). «Banca dati Ungulati. Status, distribuzione, consistenza, gestione e prelievo venatorio delle popolazioni di Ungulati in Italia. Rapporto 2001-2005. Biol. Conserv. Fauna 117: 1-168.

Fonseca, C. (2008). «Winter habitat selection by wild boar Sus scrofa in southeastern Poland». Eur. J. Wildl. Res. 54: 61-366.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 10 de Marzo de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/admin-apps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=BIOL+CONSERV

Kaartinen, S., M. Luoto and I. Kojola (2009). «Carnivore-livestock conflicts: determinants of wolf (Canis lupus) depredation on sheep farms in Finland.» Biodiversity and Conservation 18(13): 3503-3517.

Meriggi, A., A. Brangi, C. Matteucci and O. Sacchi (1996). «The feeding habits of wolves in relation to large prey availability in northern Italy.» Ecography 19(3): 287-295.

Meriggi, A., A. Brangi, L. Schenone, D. Signorelli and P. Milanesi (2011). «Changes of wolf (Canis lupus) diet in Italy in relation to the increase of wild ungulate abundance.» Ethology Ecology and Evolution 23(3): 195-210.

Meriggi, A. and S. Lovari (1996). «A review of wolf predation in southern Europe: Does the wolf prefer wild prey to livestock?» Journal of Applied Ecology 33(6): 1561-1571.

Miller, J. R. B. (2015). «Mapping attack hotspots to mitigate human–carnivore conflict: approaches and applications of spatial predation risk modeling.» Biodiversity and Conservation 24(12): 25.

Okarma, H. (1995). «The trophic ecology of wolves and their predatory role in ungulate communities of forest ecosystems in Europe.» Acta Theriologica 40(4): 335-386.

Sand, H., C. Wikenros, P. Wabakken and O. Liber (2006). «Effects of hunting group size, snow depth and age on the success of wolves hunting moose.» Animal Behaviour 72(4): 9.

Wielgus, R. and K. A. Peebles (2014). «Effects of Wolf Mortality on Livestock Depredations.» PLoS One 9: 16.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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