Depredación de ganado por parte del lobo en Grecia

Los objetivos de este estudio fueron: (1) describir la realidad, independientemente de su gravedad, de las pérdidas de ganado causadas por los lobos (2) examinar los factores asociados a la depredación del lobo (3) sugerir las prioridades de gestión para mitigar el problema.

El trabajo fue publicado en la revista Acta Theriologica. El «Factor de Impacto» es un indicador bibliométrico usado para medir la calidad de una revista en función del promedio de citas que reciben los artículos publicados en un período de dos años. Actualmente es el indicador más utilizado a nivel mundial en los procesos de evaluación de revistas. En el año 2015  (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Acta Theriologica tuvo un «Factor de Impacto» de 0,944. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil
Zoología 161 85

Q3

Los autores y otros datos del artículo:

Iliopoulos, Y., S. Sgardelis, V. Koutis and D. Savaris (2009). «Wolf depredation on livestock in central Greece”. Acta Theriologica 54 (1): 11-22.

El área de estudio comprendió dos regiones del centro de Grecia. Una región (1200 km2) estuvo situada en la prefectura de Trikala en la que se incluyeron 36 aldeas, mientras que la otra (1000 km2) incluyó 27 aldeas de la prefectura de Magnesia y Fthiotida.

La media de densidad poblacional humana, excluyendo las ciudades, fue de 15 habitantes por km2 (Ministerio del Interior, 1999). La disponibilidad de ganado expresada como el número de cabezas de ganado por especie y por pueblo, fue proporcionada por el Servicio Nacional de Estadística griego y las oficinas veterinarias locales de Trikala y Fthiotida. 7 000 cabezas de ganado vacuno, 119 000 ovejas y 80 000 cabras en total, pastaron dentro de la zona de estudio. La densidad media de ovejas y cabras en verano fue de 90 cabezas por km2 y 3,5 por km2 para el ganado vacuno. Los rebaños de ovejas y cabras pastaron sólo a la luz del día y fueron vigilados por pastores, con la ayuda de perros guardianes. Los rebaños de ovejas y cabras consistieron en una o ambas especies (rebaños mixtos). Los rebaños de vacas pastaron sin vigilancia durante el día y la noche, acompañados o no de perros.

En cuanto a la disponibilidad de presas naturales, el jabalí Sus scrofa estuvo muy extendido, mientras que el corzo Capreolus capreolus lo hizo en densidades muy bajas. Los rebecos Rupicapra Rupicapra balcanica fueron raros y sólo habitaron en zonas remotas alpinas o subalpinas (Papaioannou y Kati, 2007). Las liebres Lepus europeus se dieron a densidades bajas en comparación con otros países europeos (Sfougaris et al., 1999). La densidad de lobos en invierno en el área de estudio se estimó en 2,6 ± 0,1 (SE) lobos por cada 100 km2 (Iliopoulos, 1999; 2000).

METODOLOGÍA

Examen de las reclamaciones de daños

Los autores examinaron directamente las reclamaciones por daños durante todos los meses transcurridos desde febrero de 1999 a octubre del año 2000. Desde enero de 1999, se inició un sistema de compensación piloto en el marco de un proyecto LIFE CE para la protección del lobo en Grecia Central. Cada pérdida de ganado verificada causada por depredación, se compensó de forma extraordinaria si no fue cubierta por el sistema nacional de compensación.

Una persona entrenada (V. Koutis, D. Savaris e Y. Iliopoulos) visitó el lugar del ataque dentro de las 24 horas posteriores al suceso. Se examinaron los lugares del ataque en busca de restos de sangre, tanto alrededor como en las proximidades de los cadáveres, para excluir los casos de consumo post mortem. También se utilizaron los siguientes criterios secundarios: presencia de mordiscos en la garganta, presencia y número de animales heridos, signos de lucha, arrastre de los cadáveres, patrones de consumo de los depredadores, presencia y localización de hemorragias subcutáneas con el fin de descartar las reclamaciones fraudulentas e identificar los depredadores involucrados (Bousbouras, 1997). Se clasificó la causa de la muerte del ganado en tres categorías: «depredación», cuando se encontró sangre en el lugar del ataque y se cumplieron otros criterios secundarios que indicaron la depredación por parte del lobo; «depredación probable» cuando se cumplieron varios de los criterios secundarios y «otros» cuando la evidencia fue pobre o destruida. En total, se analizaron 304 reclamaciones por daños al ganado. Las reclamaciones por ataques a cabras y ovejas fueron consideradas como una categoría, ya que en muchos casos fueron ataques a rebaños mixtos que afectaron a ambas especies. Se excluyeron los casos clasificados como «otros» como causa de muerte y los casos en que se sospechó o se observó que los perros mataron ganado para un análisis más profundo. Se excluyeron 8 casos, al ser casos de ataques a perros o burros. Las cifras sobre las pérdidas de ganado se refirieron sólo a las muertes y al ganado gravemente herido y se examinaron en el lugar del ataque, por lo que representaron niveles mínimos de pérdidas de ganado por ataque de lobo.

Información sobre factores asociados

Durante las visitas de campo se preguntó a cada ganadero: (1) si estaba en las proximidades del lugar del ataque y, en consecuencia, (2) la fecha y hora del ataque, (3) el tamaño del rebaño durante el ataque, (4) el número y reacción de los perros pastores presentes, (5) el número de lobos observados, (6) las condiciones climatológicas, y (7) las circunstancias del ataque. Las circunstancias del ataque se clasificaron en tres categorías: (a) los animales que pastaron con el resto del rebaño protegido por un pastor, (b) los animales que se alejaron del rebaño y estuvieron fuera de la supervisión directa de un pastor, y (c) los animales mantenidos en cercados no a prueba de depredadores en ausencia de un pastor. Se clasificaron las condiciones climatológicas como (a) brumoso y lluvioso con baja visibilidad y (b) claro con buena visibilidad. Los ganaderos también proporcionaron información sobre los métodos de cría, tamaño y época predominante de nacimientos de su rebaño.

Se evaluó el hábitat en el lugar del ataque, describiendo tres características básicas del paisaje dentro de un radio de aproximadamente 500 metros: (a) la visibilidad de acuerdo con la especie arbórea principal y la estructura de la vegetación, (b) la cobertura de vegetación y (c) la topografía.

RESULTADOS

Después del análisis estadístico de los datos, se obtuvieron los siguientes resultados.

Número validado de ataques

A la categoría «depredación» y «depredación probable» por lobos fueron asignadas 277 reclamaciones por daños. Entre ellas, 35 ataques fueron a ganado vacuno y 224 a ovejas y/o cabras. Se examinó el 95% del ganado vacuno, el 88% de las ovejas y el 76% de las cabras de los totales reivindicados por los ganaderos como matados por lobos.

Selección de especies de ganado y clases de edad escogidas por los lobos

Los lobos atacaron a las vacas un 218% y a las cabras un 43% más a menudo de lo esperado, mientras que a las ovejas un 41% menos de lo esperado, basado en su disponibilidad relativa. De un total de 812 ovejas y cabras muertas, el 96% fueron adultas (> 1 año de edad). En el caso del ganado vacuno, los lobos cazaron en gran medida terneros (<1 año de edad) que constituyeron el 77% de todos los bovinos muertos. De entre los 34 terneros, el 79% fueron de 6 meses de edad o menos.

Distribución temporal de los ataques

La frecuencia de ataques de lobos (expresado como el número de ataques por día por mes) sobre las ovejas y las cabras no se distribuyó proporcionalmente a lo largo del año y alcanzó su punto máximo a principios de otoño mientras que fue mínima en invierno. Esta frecuencia no mostró ninguna diferencia significativa mensual.

También se evaluó el patrón de distribución temporal de los ataques entre las estaciones biológicas anuales de las manadas de lobos, según lo propuesto por Vila y colaboradores (1995): (1) el invierno y la temporada nómada de primavera (noviembre-abril), (2) el cuidado y destete de los cachorros (mayo-julio), y (3) la temporada post-destete (agosto-octubre). La frecuencia de ataques a las ovejas y las cabras durante la temporada después del destete fue un 48% mayor de lo esperado, mientras que fue inferior en un 16% y un 30% durante la temporada de cuidado y destete de los cachorros y la temporada de invierno y principios de primavera, respectivamente.

Variación del número de muertes de ganado por ataque y factores asociados

Los lobos mataron menos de 4 ovejas o cabras por ataque en la mayoría de los casos (79%). Se produjeron pérdidas severas (> 15 animales) sólo en el 3% del total de casos. Cuando los lobos mataron ganado vacuno, en el 74% de todos los casos se detectó sólo a un animal y en el resto de ocasiones hubo dos ejemplares muertos durante cada ataque. Toda la depredación sobre ganado vacuno se produjo en los pastos en ausencia de un pastor.

Los ataques de lobos a ovejas y cabras extraviadas (11% de los casos), o mantenidas en el interior de cercados no a prueba de depredadores (3% de los casos), fueron en promedio, dos y cuatro veces, respectivamente, más destructivos, que los casos (86%) en los que el ganado se mantuvo agrupado y vigilado por un pastor. La mayoría de los casos de ganado extraviado muerto (72%, n = 18) fueron cabras. Los lobos mataron a más ovejas y cabras por ataque en rebaños mixtos que contuvieron ambas especies, que en los rebaños de especies únicas y además durante la temporada post-destete en comparación con otros períodos.

Se construyeron dos modelos para predecir la proporción de ovejas y cabras muertas en un rebaño después de un único ataque. En ambos modelos la variable independiente fue el logaritmo de las pérdidas de animales. En el modelo I, se analizaron 194 ataques y se incluyó el número de lobos observados como predictor. En el modelo II se utilizó un subconjunto de 75 ataques, incluyendo el número de lobos observados como variable predictora.

Ambos modelos I y II indicaron que cuando el número de perros guardianes aumenta, las pérdidas se reducen gradualmente hasta que el número de perros alcanza un valor crítico, (que se denominó número “óptimo» de perros). Cuando el número de perros supera este valor «óptimo», las pérdidas comienzan a aumentar gradualmente, pero los perros siguen manteniendo su función protectora. Cuando el número de perros alcanza números muy altos, los modelos I y II predicen pérdidas incluso más grandes que el caso en el que no se utilizan perros. En el modelo II, cuando el número de lobos se utiliza como variable predictora de pérdidas de animales, el efecto de los perros guardianes es más prominente: las pérdidas son menores para un cierto número de perros utilizados, en comparación con las predichas a partir del modelo I. El número óptimo de perros aumenta con el tamaño del rebaño de 3- 4 en rebaños pequeños (n = 100) a 7-9 perros en grandes rebaños que van desde 500 a 1000 animales. Otros factores como el clima y las características del hábitat (cubierta, visibilidad y topografía) no tuvieron ningún efecto significativo a nivel de pérdidas de ganado por ataque.

Nivel de pérdidas totales por explotación ganadera

La mayoría de las explotaciones (84%) experimentaron menos de 2 ataques de lobos y sólo el 6% se vieron afectadas crónicamente (> 3 ataques) durante el período de 21 meses que duró el estudio. El 61% del total de ganaderos perdieron menos del 5% de su ganado durante el estudio, o aproximadamente menos del 2,5% por año.

La medida de pérdidas totales fue de 5,8 ± 0,97% ovejas y cabras (rango = 1-38, n = 131), o el 2,3 ± 0,7% del ganado vacuno (rango = 1-8, n = 19). El número total de ataques y pérdidas de animales por explotación de cabras y ovejas se correlacionó positivamente con el tamaño de la explotación. Las pérdidas proporcionales de ganado per cápita, sin embargo, se correlacionaron significativamente de forma negativa con el tamaño de la granja. Una tendencia positiva, pero no significativa, se observó entre el tamaño de la explotación de ganado y el número total de ataques o el número total de ganado vacuno matado durante el estudio. Al igual que con las explotaciones de ovino y caprino, las pérdidas de ganado vacuno per cápita se correlacionaron significativamente de forma negativa con el tamaño de la explotación.

No se encontraron diferencias significativas entre el número medio total de ataques y las pérdidas totales de animales por explotación, entre explotaciones de ovejas, de cabras o mixtas.

INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS SEGÚN LOS AUTORES

Especies de ganado y selección de la clase de edad

Los lobos mataron más cabras y menos ovejas de lo esperado, aunque en general, las explotaciones de cabras no experimentaron más ataques y pérdidas en comparación con las explotaciones de ovino.

Los autores no esperaron esta diferencia, ya que ambos rebaños se alimentaron de manera constante en un tipo de pastos bien definidos. Teniendo en cuenta la vulnerabilidad, cuando fueron atacadas, las ovejas debieron ser igualmente e incluso más vulnerables que las cabras, tal y como predijo el modelo I. Los autores sugirieron que los lobos mataron cabras más a menudo porque las tasas de encuentro fueron más altas y se dieron mejores oportunidades de ataque a estos rebaños. Debido a que las cabras tienden a propagarse en el interior del bosque, puede aumentar la tasa de encuentro de lobos con individuos aislados.

Las cabras se impusieron como la especie de ganado preferida al nivel del área de estudio, a pesar del hecho de que las explotaciones de cabras no experimentaron más ataques y pérdidas en comparación con las explotaciones de ovino. Los autores sugirieron que esto fue una consecuencia de más unidades de cabras afectadas de lo esperado, de acuerdo con sus números en el área de estudio.

Los partos sincronizados en las explotaciones de ovino y caprino durante los meses de invierno redujeron las pérdidas de corderos y cabritos. En los períodos de mayor riesgo de depredación (verano-otoño), esta clase de edad estuvo casi ausente de los pastos.

La depredación de ganado vacuno fue por un 218% más frecuente de lo esperado y fue, en realidad, una consecuencia de que los lobos se alimentasen sobre todo de terneros. Los terneros menores de 6 meses, pastaron sin supervisión durante las horas nocturnas, al contrario que las ovejas y las cabras que normalmente se alojaron en recintos interiores y no estuvieron disponibles. Los autores apuntaron que el aumento de la disponibilidad de terneros y la accesibilidad de los lobos fueron las principales razones de las altas tasas de depredación registradas.

La depredación del lobo sobre el ganado vacuno fue un serio problema de conservación, a pesar del hecho de que sólo 19 explotaciones se vieron afectadas durante el estudio. Los ganaderos fueron, en general, menos tolerantes a los lobos, en comparación con los ganaderos de ovino/caprino, ya que cada vaca adulta muerta o ternero representan un importante incentivo económico. La mortalidad de lobos relacionada con la depredación de ganado vacuno fue importante en el área de estudio, y se conocieron algunos pocos criadores de ganado vacuno afectados que dispararon o envenenaron aproximadamente el 25% de los lobos totales muertos durante 1999-2000 (Iliopoulos 1999, 2000).

Cambios estacionales en la frecuencia de ataques

Los ataques de lobo al ganado se produjeron durante todo el año. Hubo un pico de ataques en verano y principios de otoño, cuando el número de ovejas y cabras y la disponibilidad en los pastos fueron relativamente estables.

Se produjeron más ataques de lo esperado durante el período post-destete (agosto-octubre), cuando los cachorros requieren una gran ingesta de alimentos dada su relativamente alta tasa de crecimiento (Oftedal y Gittleman, 1989). Aunque la tasa de crecimiento se ralentiza con la edad del cachorro, la cantidad neta de alimento y la ingesta de energía son probablemente mucho mayores en el post destete que en el período de destete, imponiendo la necesidad de aumentar la tasa de muerte de ganado (Fritts et al., 2003).

Los ataques a ganado vacuno no mostraron una variabilidad estacional significativa. El pequeño tamaño de la muestra pudo haber oscurecido cualquier tendencia estacional.

El papel de los métodos de cría y otros factores

La mayor parte de los ataques no se tradujo en una pérdida grave de ganado. Los daños graves ocurrieron en ausencia de un pastor, por lo general después de que una porción del rebaño se extraviase o fuese atacada dentro de recintos no a prueba de depredadores, aunque los lobos del área de estudio fueron los que dieron muerte de forma persistente al ganado, incluso en presencia de humanos durante el día. Los autores indicaron que esto fue resultado de la baja diversidad y densidad de ungulados silvestres que hizo que el ganado fuese la única presa abundante para los lobos. Por otra parte, los lobos están bien adaptados a matar al ganado en grandes densidades después de haberlo hecho durante siglos en el entorno humanizado del sur de Europa.

Pareció que los perros guardianes, en general, redujeron las pérdidas. Cuando alcanzaron un nivel crítico (número de perros «óptimo»), su función protectora se redujo gradualmente. Un gran número de perros pastores puede dar lugar a una mala alimentación, la falta de un entrenamiento adecuado y el desarrollo de rasgos de comportamiento inadecuados, como la muerte de ganado.

Las lobadas (“surplus killing”) en recintos interiores fue poco frecuente, pero muy destructiva. La alta densidad de ganado, la falta de escape y la facilidad de depredación dentro de los recintos estimula la activación de este comportamiento depredador (Linnell et al., 1996). Por otra parte, en cuatro de estos siete casos, los perros guardianes estuvieron ausentes y se utilizaron para proteger otras partes del rebaño en un área diferente. Por lo tanto, la eficacia de los recintos puede cumplirse o facilitarse con el uso combinado de perros guardianes.

Las grandes explotaciones de ganado ovino y caprino experimentaron más ataques y pérdidas totales de animales. Los rebaños más grandes se enfrentan a mayores tasas de encuentro con lobos (Althoff y Gipson, 1981), están más dispersos (Robel et al., 1980) y actúan como mayores atrayentes hacia los lobos, ya que contienen más individuos en peores condiciones (Bradley et al., 2005).

Las pérdidas de ganado debido a la depredación aumentaron en gran medida con el número de lobos implicados en el ataque. La caza cooperativa de los lobos, probablemente, puede perturbar la coordinación y la eficacia de la vigilancia de los perros guardianes. Muchos pastores describieron una estrategia de caza común de las manadas de lobos, donde un lobo distrae a los perros y otros dispersan las ovejas. Por otra parte, un mayor número de lobos implicados también se traduce en mayores necesidades energéticas de toda la manada.

Severidad de las pérdidas de ganado a nivel del área de estudio

Según los autores, los niveles de depredación y la dependencia trófica de los lobos sobre el ganado, observadas en el área de estudio fueron más severos en comparación con otras zonas. Por ejemplo, las pérdidas de ganado en la provincia de Arezzo, Italia, fueron la mitad de las registradas en este estudio, a pesar de la mayor área estudiada, la comparable densidad de lobo y de la alta densidad de ganado (Gazzola et al., 2008). Sin embargo, a diferencia de este área, en Arezzo hubo una rica comunidad de ungulados silvestres. En Wisconsin, la depredación por parte del lobo, fue insignificante en comparación con las pérdidas registradas en este estudio, con sólo un tercio de las manadas de lobos involucrado en la muerte de ganado (Treves, 2002), mientras que en este área de estudio todas las manadas de lobos estuvieron realmente involucradas. Los estudios sobre la depredación del lobo en ecosistemas con múltiples presas han demostrado que los lobos prefieren los ungulados silvestres a pesar de la presencia de ganado (Meriggi y Lovari, 1996; Capitani et al., 2004; Gazzola et al., 2005; Nowak et al., 2005; Gula, 2008).

REFERENCIAS

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Capitani C., I. Bertelli, P. Varuzza, M. Scandura and A. Apollonio (2004). “A comparative analysis of wolf (Canis lupus) diet in three different Italian ecosystems”. Mammalian Biology 69: 1–10.

Fritts S. H., R. O. Stephenson, R. D. Hayes L. and Boitani (2003). “Wolves and humans”. [In: Wolves: behavior, ecology and conservation. D. L. Mech and L. Boitani, eds]. The University of Chicago Press, Chicago and London: 289–316.

Gazzola A., A. Bertelli, E. Avanzinelli, A. Tolosano, P. Bertotto and M. Apollonio (2005). “Predation by wolves (Canis lupus) on wild and domestic ungulates of the western Alps, Italy”. Journal of Zoology, London 266: 205–213.

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Iliopoulos, Y. (2000). [Distribution, population estimates and mortality of the wolf in Central Greece. Annual report 2000. Project LIFE “Lycos” NAT97-GR04249: Conservation of the wolf (Canis lupus L.) and its habitats in Greece]. Arcturos, Thessaloniki: 1–13. [In Greek]

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 7 de Octubre de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/admin-apps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=ACTA+THERIOL

Linnell J. D. C., M. E. Smith, J. Odden, J. E. Swenson and P. Kaczensky (1996). “Carnivores and sheep farming in Norway. 4. Strategies for the reduction of carnivore-livestock-conflicts: a review”. NINA Oppdragsmelding 443: 1–118.

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Treves A., R. R. Jurewicz, L. Naughton-Treves, R. A. Rose, R. C. Willging and A. P. Wydeven (2002). “Wolf depredation on domestic animals in Wisconsin, 1976–2000”. Wildlife Society Bulletin 30: 231–241.

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