Cambios estacionales en la dieta del lobo en el Parque Nacional Hustai (Mongolia)

El principal objetivo del estudio fue determinar las fluctuaciones estacionales en la dieta del lobo y evaluar los factores que las podrían estar causando.

El trabajo fue publicado en la revista Mammalian Biology. El «Factor de Impacto» es un indicador bibliométrico usado para medir la calidad de una revista en función del promedio de citas que reciben los artículos publicados en un período de dos años. Actualmente es el indicador más utilizado a nivel mundial en los procesos de evaluación de revistas. En el año 2015  (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Mammalian Biology tuvo un «Factor de Impacto» de 1,595. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría  de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil
Zoología 161 48

Q2

Los autores y otros datos del artículo:

Hovens, J. P. M. and K. Tungalaktuja (2005). «Seasonal fluctuations of the wolf diet in the Hustai National Park (Mongolia)”. Mammalian Biology 70 (4): 210-217.

El área de estudio (120000 ha) se situó a 100 km al suroeste de Ulan Bator, la capital de Mongolia y abarcó la totalidad del Parque Nacional Hustai y sus alrededores.

Los ungulados silvestres más abundantes en la reserva fueron los ciervos rojos y estuvieron en el interior y en los alrededores de la zona boscosa más extensa. Su población fue variable y osciló entre los 198 y los 421 ejemplares. Una población de 70-76 de gacelas de Mongolia (Gazella gutterosa) habitó de forma irregular en una parte del valle de Tuul, en la frontera del área de estudio. Desde finales de septiembre hasta principios de mayo se movieron juntas en un rebaño, y visitaron de forma irregular el valle de Tuul. La mayoría de las veces, este rebaño estuvo a más de 60 kilómetros del área de estudio, y desde de septiembre de 1996 hasta mayo de 1997, no se volvió a localizar el rebaño (Hovens et al., 2000). Desde el principio de mayo hasta finales de septiembre, las gacelas vivieron en pequeños grupos y un máximo de 15 gacelas de Mongolia habitó el valle Tuul. Cerca de la reserva vivieron entre 16270 y 27857 cabezas de ganado (ovejas, cabras, vacas y caballos). Las observaciones de las guaridas de los lobos indicaron que hubo 2-3 manadas en el área de estudio.

De 1994 a 1997 se recogieron excrementos de lobo en el Parque Nacional. Los restos de  presas se identificaron a través de los pelos, huesos y pezuñas de la colección de referencia del laboratorio. La presencia de los diversos restos de presas por excremento se utilizó para calcular la frecuencia de aparición de los tipos de presa en todos los excrementos de lobo, y de esto, se derivó el porcentaje de aparición. Los pelos de ciervos y gacelas de Mongolia no se pudieron distinguir; ni los de vacas y cabras. Por lo tanto, se identificaron los siguientes grupos de ungulados: (1) ovinos; (2) vacas y cabras; (3) ungulados silvestres (ciervos y gacelas de Mongolia) y (4) caballos.

RESULTADOS

Se analizaron un total de 250 excrementos de lobo para determinar la frecuencia de aparición de las

presas. Aparte de los 41 que contuvieron restos de marmota, 40 se produjeron entre marzo y septiembre. Solamente un excremento con restos de marmota se produjo durante el periodo de hibernación de éstas: fue encontrado el 20 de noviembre y tenía aproximadamente 2 semanas de antigüedad.

El número de excrementos mensuales fue demasiado pequeño para determinar con precisión la dieta mensual del lobo. De febrero a noviembre, el número de heces fue lo suficientemente grande como para determinar los cambios importantes en la composición mensual de la dieta del lobo.

Marmotas

La mayoría de las marmotas del Parque Nacional de Hustai acudieron a sus madrigueras de invierno (un túnel excavado verticalmente) para empezar su hibernación en las 2 últimas semanas de septiembre. La presencia de restos de marmota en un excremento de lobo en noviembre, probablemente estuvo relacionado con una marmota que murió y fue carroñeada. Una posible explicación de la disminución de las marmotas en la dieta del lobo en abril pudo ser el pico de muertes provocadas de forma natural de la ganadería antes del inicio de la temporada de crecimiento en mayo. El aumento de septiembre, posiblemente, pudo ser causado por el hecho de que las marmotas están gordas y lentas, poco antes de que comiencen a hibernar. En varias ocasiones los autores observaron lobos solitarios que intentaron atrapar marmotas por sorpresa, aunque nunca lo hicieron con éxito.

Ungulados silvestres

Se observaron muchas muertes de ciervos provocadas por los lobos pero ninguna de gacela de Mongolia. 15 gacelas de Mongolia habitaron cinco meses al año, como máximo, en el área de estudio y el número de ciervos fue 13-28 veces mayor que el número de gacelas de Mongolia. Durante los otros 7 meses, las gacelas estuvieron en su mayoría fuera del área del estudio, pero cuando estuvieron presentes, los ciervos aún fueron 2,6-6 veces más numerosos y por lo tanto la mayoría de los restos de ungulados silvestres en los excrementos probablemente fueron de ciervo.

La disminución de los ungulados silvestres en la dieta del lobo en junio coincidió con el período de partos de ciervos a principios de ese mes. Las ciervas generalmente se alejan de sus rebaños para dar a luz, la mayoría de ellas se convierten en solitarias después del parto y no viven en su zona habitual. Debido a este comportamiento, los lobos no pudieron encontrar a las ciervas y sus crías en junio. Esto está demostrado por los datos del estudio: durante los conteos semanales de vida silvestre desde 1994 hasta 1998, el número más bajo de ciervos siempre se detectó en junio. A través de estos recuentos, se vio que los ciervos rojos no estuvieron agrupados a causa de los partos, pero estuvieron ampliamente dispersos por toda la reserva en junio, tanto en hábitats forestales como abiertos. Los autores asumieron que esa fue la respuesta clásica de los ungulados para evitar la depredación tal y como se ha documentado en ciervos, alces, etc.

El aumento repentino de ungulados silvestres en la dieta del lobo en julio y agosto posiblemente fue debido al hecho de que la mayoría de las crías de los ciervos se unieron al rebaño desde finales de junio a principios de julio. Después de que un cervato se ha unido a un rebaño, es bastante fácil para los lobos encontrarlo y acabar con él. Los primeras fechas en las que se vieron cervatos en un rebaño fueron: el 17 de junio (1994), el 21 de junio (1995),  el 19 de Julio (1996) y 18 de junio (1997). Los cervatos rápidamente se vuelven rápidos y ágiles, y por ello, el porcentaje de ungulados silvestres en la dieta del lobo en septiembre fue similar a la transcurrida desde noviembre hasta junio.

El aumento de ungulados silvestres en la dieta del lobo en octubre fue probablemente causado por el descenso del estado de alerta de los ciervos durante la época de celo, haciéndoles más vulnerables a los ataques. En el Parque Nacional de Hustai, el clímax de la época de celo suele llegar la primera semana de octubre y en esa semana los autores fueron capaces de acechar a los rebaños a una distancia de 5 m.

Ungulados domésticos

A excepción de julio, agosto y septiembre, al menos el 50% de la frecuencia de aparición de los tipos de presas en los excrementos de lobo fueron de animales domésticos, lo que sugirió que el ganado fue una parte importante de la dieta del lobo bien a través del carroñeo o la depredación. Entre el ganado, los lobos mataron relativamente una gran cantidad de caballos domésticos (Hovens et al., 2000). Probablemente fue efecto de las prácticas de cría. Los caballos mongoles a veces no son vistos por sus propietarios durante semanas, mientras que las ovejas y las cabras son custodiadas durante el día. Además, las vacas, las cabras y las ovejas pasan la noche cerca de la tienda de su dueño. El aumento de los caballos en la dieta del lobo en abril probablemente fue debido al consumo de cadáveres. El área alrededor de la reserva sufre sobrepastoreo y al final del invierno mongol, una gran cantidad de ganado (especialmente caballos) siempre se muere de hambre. El aumento de los caballos en la dieta del lobo en junio coincidió con la mencionada disminución de ciervos en la dieta. La disminución de los caballos en la dieta del lobo de julio a octubre probablemente fue el resultado del hecho de que los mongoles mantuvieron a los potros y yeguas cerca de su tienda para ordeñar a las yeguas desde finales de junio hasta finales de octubre. La disminución del ganado en la dieta de los lobos en julio fue el resultado probable de la repentina disponibilidad de crías de ciervo. Después de octubre, cuando los ciervos estuvieron más alerta tras la época de celo, los lobos se alimentaron principalmente de ganado. Se observó que la cantidad de otros ungulados en la dieta del lobo dependió de la densidad de ciervos en la región. Aunque el número de ganado siempre fue 39-140 veces mayor que el número de ciervos, los cambios estacionales en la dieta lobo podrían ser principalmente explicados por el ciclo de vida de ciervo. Esto coincidió con el hecho de que, en relación con su disponibilidad, los lobos del Parque depredaron más ciervos que ganado (Hovens et al., 2000).

Recomendaciones de manejo

Durante el período soviético (antes de 1990) se organizó una caza nacional del lobo cada primer fin de semana de febrero y desaparecieron de partes extensas de Mongolia. Según varios biólogos y cuidadores de rebaños de Mongolia, el número de lobos en Mongolia aumentó desde 1990 y Hovens y colaboradores (2000) demostraron que la densidad de lobos en el área de estudio creció desde el verano de 1994. En el área de estudio, la co-existencia de ganado, lobos y ciervos dio lugar a un conflicto: de agosto de 1994 a septiembre de 1997 los lobos mataron 1139 cabezas de ganado (Hovens et al. 2000), la población local disparó al menos a 20 lobos adultos y excavó por lo menos 3 cubiles de lobo (datos no publicados, basados en una amplia entrevista con la población local y observaciones personales) y los lobos causaron, en parte, la disminución de la población de ciervo (Hovens et al., 2000). Volver a la caza intensiva del lobo no es una buena solución para estos problemas. Para conseguir la coexistencia de los lobos, los animales domésticos y las poblaciones silvestres de presas, los autores recomendaron reincorporar los siguientes métodos tradicionales de Mongolia que fueron abolidos cuando disminuyó el número de lobos:

  1. la gestión de las abundantes poblaciones de presas nativas,
  2. la introducción de la raza perros guardianes de ganado en combinación con un programa de perros guardianes de ganado, y
  3. llevar a cabo durante todo el año el cuidado de los caballos domésticos.

Estas medidas aumentarían el alimento natural para los lobos y reducirían la disponibilidad de ganado para ellos, los que puede dar como  resultado un menor número de problemas para los pastores locales y un ecosistema más natural, en el que la población de lobos dependería de las fluctuaciones poblacionales de presas silvestres.

REFERENCIAS

Hovens, J. P. M., K. H. Tungalaktuja, T.  Todgeril and D. Batdorj (2000). “The impact of wolves Canis lupus (L., 1758) on wild ungulates and nomadic livestock in and around the Hustain Nuruu Steppe Reserve (Mongolia)”. Lutra 43, 39–50.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 7 de Octubre de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/admin-apps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=MAMM+BIOL

 

Evaluación de los factores relacionados con la depredación de ganado por parte del lobo en los pastos cercados de Montana e Idaho

Los autores centraron su investigación en la depredación de ganado que se produjo dentro de los vallados con el fin de proporcionar información que, basándose en su criterio, podría facilitar en mayor grado el desarrollo de métodos de prevención no letales. Trataron de averiguar los factores potencialmente relacionados con la depredación de ganado mediante factores de medición en el momento de los casos de depredación y examinar los factores que mejor describieron a los pastos que experimentaron depredaciones.

Este estudio fue publicado en la revista Wildlife Society Bulletin en el año 2015. En el año 2015 (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Wildlife Society Bulletin tuvo un «Factor de Impacto» de 0,781. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil
Conservación de la Biodiversidad 49 32

Q3

Los autores y otros datos del artículo:

Bradley, E. H. and D. H. Pletscher (2005). «Assessing factors related to wolf depredation of cattle in fenced pastures in Montana and Idaho”. Wildlife Society Bulletin 33 (4): 1256-1265.

METODOLOGÍA

Para determinar qué factores pudieron estar relacionados con la depredación del lobo sobre el ganado en los pastos cercados, se compararon los pastos de ranchos que habían experimentado depredación confirmada por parte de lobo, con los pastos de ranchos cercanos y sin depredación.

Se tomaron muestras de ranchos dentro de cada una de las 3 áreas de gestión para la recuperación del lobo en el noroeste de Estados Unidos designados por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS, 1987): noroeste de Montana, Idaho central y las áreas de recuperación de Yellowstone. Se seleccionaron las comunidades ganaderas que experimentaron múltiples conflictos dentro de estas áreas entre 1994-2002.

Los ranchos de vacas tuvieron a menudo múltiples pastos para el ganado y con frecuencia, éste fue trasladado a diferentes pastizales durante distintas épocas del año. Por lo tanto, las condiciones cambiaron en función de la pradera en la que estuvieron. Por esta razón, se trataron los pastos como una unidad de muestreo y se registraron las variables en el momento en que ocurrieron las depredaciones. Los pastos adyacentes al mismo rancho fueron tratados como un único pasto. Algunos rancheros experimentaron múltiples depredaciones por las mismas o diferentes manadas de lobos y en diferentes estaciones o años, en los que las condiciones habían cambiado y el ganado se encontró en diferentes pastos. Se tomaron muestras de pastos como lo fueron durante cada escenario de depredación, siempre y cuando 1) el pasto (unidad de muestreo) hubo cambiado, o 2) diferentes manadas de lobos estuvieron involucradas en los eventos de depredación.

Los autores contactaron con los ganaderos y realizaron entrevistas personales para reunir datos acerca de las características del pasto. Por cada rancho donde se produjo una depredación, al mismo tiempo, localizaron hasta 5 ranchos cercanos sin depredación y recogieron datos sobre los pastos usados para pastoreo. Se seleccionaron los ranchos en los que pastó el ganado vacuno, no tuvieron ningún ataque de lobo reivindicado, y estuvieron ubicados dentro del territorio de caza conocido de la manada de lobos (basado en radio-telemetría). Se incluyeron los ranchos que afirmaron haber tenido lobos en su propiedad y estuvieron a una distancia razonable para un lobo en los casos en que los datos de radio-telemetría no estuvieron disponibles. En tales casos, se realizó una referencia cruzada con respecto a la actividad de la manada, poniéndose en contacto con los funcionarios locales de fauna.

Se les preguntó a los ganaderos de ranchos con depredación y sin ella, con respecto a los siguientes factores en el momento de los hechos: 1) la ubicación de los pastos, 2) número total de ganado que pastaba, 3) raza de ganado, 4) tipo de ganado pastando (parejas de vacas y terneros, terneros de un año, o mezcla), y 5) si los ciervos (Cervus elaphus) estuvieron presentes o ausentes en y alrededor de los pastos. Además, se les preguntó cómo habían gestionado la eliminación de los cadáveres de ganado (si los habían retirado o no). Se consideraron los cadáveres que fueron enterrados como eliminados a menos que los ganaderos indicasen que los depredadores hubieran accedido a ellos. También se les preguntó con respecto a las circunstancias atenuantes de las que fueron conscientes en el momento de la depredación que pudieron haber aumentado la vulnerabilidad de los animales depredados.

Se usaron fotografías aéreas de los ranchos para trazar los límites del pasto durante las entrevistas para después digitalizarlos como polígonos utilizando ArcView. De los pastos digitalizados y las capas de fotografías aéreas, se calculó la distancia máxima del ganado pastando a las residencias humanas (m), la distancia mínima del ganado pastando al borde del bosque contiguo (m), y el porcentaje de cobertura de árboles en cada pasto. Se asumió que la vegetación visible en las fotos aéreas sería suficiente para dar cobertura a un lobo. Se planteó la hipótesis de que en fincas con pastos más extensos, mayor cobertura de árboles y arbustos, un mayor número de vacas, pastando más lejos de las residencias, y más cerca del borde del bosque serían más vulnerables a los lobos. También la hipótesis de que los cadáveres y la presencia de ciervos podrían atraer a los lobos a los pastos de ganado, lo que aumenta el riesgo de depredación.

Algunas variables que se midieron sólo fueron aplicables a los ranchos que experimentaron depredaciones durante ciertas épocas del año. Para los ranchos con depredaciones durante la época de partos y ranchos asociados con no-depredación, se realizaron preguntas relativas a 1) lugares de parto (en pastizales o corrales cobertizos), 2) fecha en la que el parto comenzó, y 3) la duración del parto (días). La hipótesis fue que los ranchos que tuvieron los partos en los pastos y no en corrales o cobertizos, empezaron a parir antes, y parieron durante un período más largo fueron más vulnerables a la depredación del lobo. Se mapearon las ubicaciones de los cubiles de lobos y se calcularon las distancias (km) entre los cubiles y los pastos para las depredaciones durante la temporada de cría (del 15 de abril a 15 de junio). La hipótesis fue que los pastos que experimentaron depredaciones estuvieron más cerca de los cubiles que los pastos sin depredación.

Para determinar qué variables individuales se relacionaron con los pastos que experimentaron depredaciones, se llevaron a cabo pruebas univariantes. Para las variables continuas, se utilizó la prueba de Mann-Whitney para comparar los pastos con y sin depredación. Para las variables categóricas, se utilizaron tablas de contingencia y pruebas de la χ2.

Se utilizó el análisis de árboles de clasificación (Breiman et al., 1984; Venables y Ripley, 1997) para proporcionar información descriptiva sobre la combinación de variables que mejor clasificaron los pastos como depredados y no depredados.

RESULTADOS

Se tomaron muestras de 31 ranchos con 34 pastos donde ocurrieron depredaciones y 51 ranchos con 62 pastos donde no se produjeron depredaciones. Aunque las entrevistas se llevaron a cabo con 58 ganaderos sin depredación confirmada, 7 (12%) ganaderos reclamaron pérdidas sin confirmar debidas los lobos, los cuales se excluyeron del análisis. De los 31 ranchos con depredaciones confirmadas, 15 (48%) afirmaron tener depredaciones adicionales no confirmadas. La tasa de respuesta fue alta (99%), y sólo 1 ranchero con una depredación se negó a ser entrevistado.

El muestreo se distribuyó de manera bastante uniforme entre las 3 áreas de recuperación. Se tomaron muestras de 13, 13 y 8 pastos con depredaciones, y 18, 22, y 22 pastos sin depredaciones en el noroeste de Montana, Idaho central y las áreas de recuperación de Yellowstone, respectivamente. Se encontraron ranchos cercanos sin depredación en todas salvo 4 ranchos depredados. Tres ranchos se encentraron juntos en el noroeste de Montana, y solo lo s2 ranchos de ganado vacuno situados en las cercanías alegaron pérdidas no confirmadas por lobo. Un rancho se sitúo en el centro de Idaho, y aunque otras vacas pastaron cerca, ninguno se llevó a cabo en praderas cercadas.

Los pastos con depredaciones fueron más extensos, tuvieron más ganado, y se situaron más lejos de las residencias humanas que los pastos sin depredaciones. Estos 3 factores relacionados con el tamaño del rancho estuvieron correlacionados. También se observó que los pastos con depredaciones fueron más propensos a tener presencia de ciervos que los pastos sin depredaciones.

No se encontraron diferencias entre los pastos con y sin depredación en referencia a la distancia al borde del bosque, el porcentaje de cubierta vegetal, la raza de ganado, el tipo de ganado y la eliminación de cadáveres.

Los ganaderos informaron de circunstancias atenuantes para 7 de los 34 (21%) casos de depredación que se midieron. En las 7 depredaciones se vieron afectados terneros. Tres terneros (uno ya débil) murieron durante las tormentas de nieve, 3 (1 ya enfermo) se habían separado de las vacas madres, y 1 se había unido a una vaca madre que ya había perdido su cría por depredación antes de la primavera.

Para determinar si las prácticas relacionadas con los partos estuvieron relacionadas con las depredaciones, se examinaron más de cerca 14 ranchos con terneros depredados durante la época de partos y 23 ranchos que manejaron parejas de vacas/terneros sin depredaciones. No se encontraron diferencias entre los ranchos en relación a las ubicaciones de parto y las fechas de comienzo de los partos. Sin embargo, 5 de estos 14 (36%) ranchos estuvieron involucrados en las 7 circunstancias atenuantes descritas anteriormente.

Nueve pastos experimentaron depredaciones durante la temporada de cría de los lobos. Estuvo disponible la información sobre la localización de los cubiles en todos los casos salvo en 2. Se encontró que 5 de 7 pastos donde ocurrieron depredaciones durante la temporada de cría de los lobos, estuvieron más cerca de los cubiles que los pastos de los ranchos sin depredaciones.

Utilizando el análisis del árbol de clasificación, los pastos fueron clasificados correctamente como depredados o no depredados en 80 (83%) de los 96 casos. Los pastos predichos a experimentar depredaciones tuvieron presencia de ciervos, tuvieron > 310 vacas, y estuvieron lejos (> 1487,5 m) de las residencias humanas. Para los pastos con <310 vacas, los pastos predichos a tener depredaciones tuvieron añojos, o de otro modo cobertura vegetal > 20,5%. Para los pastos sin presencia de ciervos se predijo que tendrían depredaciones si la cobertura vegetal fuese > 13,5% y la extensión de los pastos > 56 ha. Sin estas condiciones, no se tendrían depredaciones.

INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS SEGÚN LOS AUTORES

La presencia de ciervos fue la variable más relacionada con los pastos con depredaciones y fue la mejor variable predictora en el análisis del árbol de clasificación de los pastos con depredaciones en combinación con otras variables. Probablemente los lobos se sintieran atraídos por las zonas con un gran número de ciervos. Los ciervos y otros ungulados silvestres a menudo superponen las áreas con las de producción de ganado vacuno en el invierno y a principios de primavera, con el fin de buscar forraje tanto dentro como en los alrededores de los pastos para el ganado.

Los autores detectaron que los factores relacionados con el tamaño del rancho parecieron diferenciar a los ranchos con depredaciones de los que no. Encontraron que los pastos que fueron más extensos, tuvieron más ganado, y se situaron más lejos de las residencias fueron más propensos a tener depredaciones. También se observó que estas 3 variables estuvieron correlacionadas. Los rebaños de vacas más numerosos podrían actuar como un mayor atrayente a los lobos, o aumentar la probabilidad de que un rebaño contenga individuos más vulnerables. Los pastos más extensos podrían incrementar el riesgo de contacto con los lobos. También se vio que las depredaciones, en ocasiones, se produjeron cerca de las casas y por lo tanto la distancia del ganado pastando a la residencias podría no haber sido un factor causal en el estudio.

No se encontraron evidencias de que el sistema de eliminación de cadáveres se relacionase con problemas de depredación. Sin embargo, los autores sólo fueron capaces de determinar cómo los ganaderos, generalmente, eliminaron de los cadáveres. Algunos ranchos (especialmente las pequeñas explotaciones) no siempre tuvieron cadáveres que eliminar. Los autores creyeron que la cuestión de la eliminación de animales muertos sería mejor abordada con información sobre la presencia o ausencia de cadáveres cerca del momento de la depredación y, más concretamente, si los lobos se alimentaron de ellos. Tal información se recogería mejor en el momento en el que ocurrió la depredación.

Sorprendentemente, los ganaderos con depredaciones crónicas en Minnesota informaron de una eliminación adecuada de cadáveres en más ocasiones que los ganaderos sin depredaciones. Estos resultados equívocos, junto con una disparidad entre las fuentes, plantearon la cuestión de si se produjeron informes falsos (Mech et al., 2000). Por lo tanto, la información falsa sobre los métodos de eliminación de animales muertos pudo ser una posibilidad, porque los autores no tuvieron medios adecuados para una validación cruzada de las respuestas. No encontraron otras razones, sin embargo, para sospechar que los ganaderos tuvieran incentivos para aportar información falsa sobre otras variables que midieron.

Mediante el uso del análisis del árbol de clasificación, se encontró que un porcentaje más alto de la cubierta vegetal y la presencia de terneros de un año también caracterizó a los pastos con depredaciones. Los terneros de un año podrían ser potencialmente más vulnerables a la depredación que el adulto a causa de la curiosidad inherente y el nerviosismo. Sin embargo, la mayoría de los ganaderos se llevaron a los terneros en el otoño y no guardaron a los de un año. Por lo tanto, la muestra fue demasiado pequeña para atender adecuadamente a esta cuestión.

Según los autores, la ocurrencia de depredaciones no confirmadas podría haber reducido la probabilidad de encontrar diferencias entre los pastos con y sin depredación. Se preguntó a los ganaderos si reclamaron pérdidas no confirmadas por los lobos, pero en base a estas respuestas, no se pudo determinar de manera concluyente si las pérdidas fueron causadas realmente por los lobos. Sin embargo, los autores creyeron que los ganaderos serían más propensos a sospechar una depredación por parte del lobo como causa de mortalidad cuando otras pérdidas se habían producido en las inmediaciones. Al excluir a los ganaderos que sospecharon depredaciones de lobo, creyeron que redujeron el riesgo de tal error. El hecho de que los ganaderos con depredaciones confirmadas afirmaran más depredaciones sin confirmar que los ganaderos sin depredaciones confirmadas, resultó interesante. Esto podría reflejar una mayor vulnerabilidad de estos ranchos, efectos de comportamiento aprendido por los lobos, o una mayor tendencia a sospechar de los lobos debido a problemas anteriores.

Los informes que los autores recibieron de los ganaderos sugirieron que algunos terneros depredados fueron físicamente vulnerables. Este tipo de situaciones a veces pudieron haber sido detectadas y por lo tanto podrían haber sesgado la estimación a la baja. Aún así, los ganaderos probablemente fueron más conscientes de estas condiciones cuando el ganado estuvo cercado que cuando estuvo en campo abierto.

Se pudo apreciar que los pastos que fueron más extenso y que, por lo tanto, probablemente tuvieron más ganado vacuno expuesto a los lobos, incurrieron en más depredaciones. Aunque se tomaron muestras de pastos dentro de los territorios de los lobos, fue posible que los pastos con depredaciones cayeran dentro de las áreas de mayor uso del lobo. Esto también fue apoyado por los resultados en los que los pastos con depredaciones fueron más propensos a tener ciervos presentes y  estar localizados más cerca de los cubiles de los lobos. Por lo tanto, los pastos con depredaciones simplemente se pudieron caracterizar como los ubicados dentro de un buen hábitat para los lobos donde el ganado estuvo más expuesto a ellos.

RECOMENDACIONES DE GESTIÓN SEGÚN LOS AUTORES

La protección de los suministros de heno con cercados eléctricos u otros medios, especialmente durante la primavera cuando el ganado está de parto, puede reducir al mínimo su atractivo para los ciervos y por lo tanto para los lobos. Tales métodos pueden llevar mucho tiempo y pueden estar fuera del alcance de muchos ganaderos; por tanto, la implementación exitosa probablemente requiera recursos externos. Se necesita más información para determinar si la protección del ganado con las vulnerabilidades físicas conocidas ayudaría a disminuir las depredaciones.

Pueden ser útiles la mejora del seguimiento y la gestión de la actividad reproductora del lobo. Los cubiles de lobos situados cerca de los ranchos pueden ser llenados en los años siguientes para fomentar la reproducción en otro lugar.

Los autores creyeron que los problemas de depredación aún representan situaciones únicas que requieren una consideración sobre una base “caso por caso” para determinar el mejor curso de acción. Encontraron depredaciones que formaron parte de eventos complejos que pudieron ser el resultado de una serie de factores. Los ranchos deben ser evaluados individualmente para determinar qué métodos son más aplicables dada la época del año y los sitios donde ocurrieron depredaciones. Las explotaciones ganaderas más grandes pueden ser más propensas a tener conflictos persistentes, por lo tanto, encontrar formas no letales para reducir la depredación en esas haciendas puede proporcionar una mejor estrategia rentable a largo plazo que el control letal (Bradley, 2004).

REFERENCIAS

Bradley, E. H. (2004). “An evaluation of wolf–livestock conflicts and management in the northwestern United States”. Thesis, University of Montana,Missoula,USA.

Breiman, L., J. H. Friedman, R. A. Olshen and C. J. Stone (1984). “Classification and regression tres”. Wadsworth, Belmont, California, USA.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 29 de Septiembre de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/admin-apps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=WILDLIFE+SOC+B

Mech, L. D., E. K. Harper, T. J. Meier and W. J. Paul (2000). “Assessing factors that may predispose Minnesota farms to wolf depredations on cattle”. Wildlife Society Bulletin 28:623–629.

UNITED STATES FISH AND WILDLIFE SERVICE (1987). “Northern Rocky Mountain Wolf Recovery Plan”. United States Fish and Wildlife Service, Denver, Colorado, USA.

Venables,W. N. and B. D. Ripley (1997). “Modern applied statistics with S-Plu”s. Second edition. Springer-Verlag, New York, New York, USA.

 

 

Depredación del lobo sobre el ganado en un área del norte de Italia y predicción del riesgo de daño

El objetivo de este estudio fue evaluar cuáles fueron las acciones y los factores ambientales que tuvieron una mayor influencia en el riesgo de depredación sobre el ganado, y formular un modelo predictivo del riesgo de depredación, relacionando los datos sobre la ocurrencia de episodios de depredación con los de las características de la cría de ganado y los pastos.

Este estudio fue publicado en la revista Ethology, Ecology and Evolution en el año 2015. En el año 2015 (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Ethology, Ecology and Evolution tuvo un «Factor de Impacto» de 1,655. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil

Ciencias del comportamiento

51 42

Q4

Zoología 161 42

Q2

Los autores y otros datos del artículo:

Dondina, O., A. Meriggi, V. Dagradi, M. Perversi and P. Milanesi (2015). «Wolf predation on livestock in an area of northern Italy and prediction of damage risk”. Ethology Ecology & Evolution 27 (2): 200-219.

El estudio se llevó a cabo en un área de 860 km2 de los Apeninos septentrionales en las regiones de Emilia-Romaña y Lombardía y las provincias de Piacenza y Pavía, entre los 500 y los 1700 m sobre el nivel del mar. En el área de estudio, se encontró una rica y diversa comunidad de ungulados silvestres, incluyendo el jabalí (Sus scrofa), el corzo (Capreolus capreolus), el gamo (Dama dama), y el ciervo rojo (Cervus elaphus). El jabalí (2998 capturas en 2012) y el corzo (13,0 individuos por km2 en 2012) se distribuyeron uniformemente por toda el área de estudio, mientras que el ciervo rojo (70 machos berreando en 2012) y el gamo (1,9 individuos por km2 en 2012) ocuparon áreas circunscritas (datos no publicados procedentes de los Servicios para la Vida Silvestre de las Administraciones Provinciales de Pavía y Piacenza). En el área de estudio, hubo 83 explotaciones de ganado vacuno que practicaron un período de pastoreo libre al año en los pastos de montaña (de abril a octubre). A esto hubo que añadir todas las granjas de ovejas y cabras que no practicaron un verdadero movimiento de animales hacia los pastos durante el verano, pero que, cuando hizo buen tiempo, permitieron a los rebaños pastar libremente en las zonas aledañas a los rediles. En total, las cabezas de ganado ascendieron a 4379 vacas, 909 ovejas, 335 cabras y 294 caballos pastando en zonas abiertas (datos no publicados de los Servicios Veterinarios de las regiones de Lombardía y Emilia-Romaña, 2012). Dentro del área de estudio, la recolonización por parte del lobo se produjo a partir de 1986. Por seguimiento de huellas en la nieve, simulación de aullidos y fototrampeo, se estimó la presencia de cuatro manadas de lobos, de siete, cinco, cuatro y dos individuos, respectivamente, y de un pequeño número de lobos solitarios (Milanesi et al., 2012). No se practicó control legal de los lobos en el área de estudio; sin embargo, de cuatro a seis lobos murieron ilegalmente entre 2005 y 2012.

Para evaluar el impacto de la depredación de los lobos sobre el ganado, los autores usaron los datos de las reclamaciones oficiales de 2005 a 2012, y las entrevistas con los agricultores para los casos de depredación que no se informaron oficialmente. Entre los datos tomados, se tuvieron en cuenta los eventos de depredación, el número y las características de las fincas que sufrieron ataques y las que practicaron el pastoreo libre, entre otros. Por otra parte, mapearon las áreas de pastoreo utilizadas por el ganado con el software ArcGIS 9.3 y luego se midieron 13 variables que caracterizaron los pastos, incluyendo un índice de forma calculado como la relación de la circunferencia de un círculo con un área igual a la del pasto sobre el perímetro de los pastos.

A partir de mapas vectoriales de uso del suelo, también midieron las áreas ocupadas por los diferentes tipos de uso (10 variables) en un buffer de 1 km alrededor de las áreas de pastoreo. Eligieron este tamaño de buffer de acuerdo con Chavez y Gese (2006), que encontraron que el 58% de los movimientos de los lobos se produjo a 1 km de los pastos.

RESULTADOS

Una vez realizado el análisis de los datos y su tratamiento estadístico se obtuvieron los siguientes resultados.

Depredaciones

De 2005 a 2012, 46 granjas en la zona de estudio sufrieron depredación por lobos, de los cuales 32 reclamaron daños oficialmente y 14 no lo hicieron. Se informó oficialmente de 106 eventos de depredación y 22 eventos salieron a la luz durante las entrevistas con los ganaderos, para un total de 128 casos. En total, los animales muertos fueron 246, de los cuales 144 fueron ganado vacuno, 78 ovejas y 24 cabras.

Los eventos de depredación mostraron una tendencia creciente de 2005 a 2010 y una disminución en 2011 y 2012, mientras que el número de animales muertos no mostró una tendencia significativa, aunque se registró un pico en 2010 y una disminución en los años siguientes. Teniendo en cuenta el ganado por especies, se observó una tendencia significativa en los casos de depredación de ganado vacuno en 2010, pero no en el número de animales muertos. Se encontraron tendencias importantes y crecientes para los eventos de depredación y el número de animales muertos para las ovejas y las cabras de 2005 a 2011. Las diferencias entre especies en los últimos años, tanto en la frecuencia de eventos de depredación como en el número de animales muertos, fueron significativas. Se observaron correlaciones significativas y positivas para las ovejas y las cabras en los casos de depredación y el número de animales muertos.

Los meses con mayor número de episodios de depredación fueron julio y agosto durante el verano, y septiembre y octubre en el otoño, con diferencias significativas entre los meses a nivel total. En el caso del ganado vacuno, el mayor número de eventos de depredación se produjo en agosto y octubre, mientras que para las ovejas y las cabras fue más alto en febrero, marzo y agosto; las diferencias entre especies, sin embargo, no fueron significativas. La tendencia mensual en el número de animales muertos mostró un mayor número de pérdidas en julio, agosto y octubre en comparación con los otros meses del año. El número de cabezas de ganado vacuno muertas tuvo un máximo en agosto y un segundo pico en octubre. Las ovejas fueron presa sobre todo en los meses de febrero, marzo y agosto, y las pérdidas de cabras se registraron principalmente en los meses de agosto y octubre. Las diferencias significativas entre especies se dieron en el número de animales muertos a lo largo de los meses.

Durante el período de estudio, el 66,3% de las explotaciones sólo sufrió un ataque, el 26,0% de dos a cinco, el 3,9% de seis a 10 y el 3,9% sufrió más de 10 ataques. Un total del 37,9% de las explotaciones sólo perdió un animal, un 27,1% de dos a cinco, un 24,1% de seis a 10, y un 11,2% perdió más de 10 animales.

Teniendo en cuenta el objetivo productivo de las explotaciones, se encontraron diferencias significativas entre las especies de ganado en relación a la frecuencia de eventos de depredación y el número de explotaciones dañadas. La mayoría de depredaciones (el 66,7% de los eventos de depredación y el 60% de las explotaciones dañadas) se registraron en las explotaciones de ganado vacuno donde los nacimientos se produjeron en los pastos. Con respecto al método de pastoreo, el análisis mostró diferencias significativas entre las especies de ganado en relación a la frecuencia de eventos de depredación. Casi todos los eventos de depredación (97,4%) estuvieron en las explotaciones que practicaron pastoreo libre durante al menos un período al año. El ganado más afectado fue el vacuno (68,4%) y, en segundo lugar, el ovino (23,7%). Teniendo en cuenta los métodos de prevención, se observaron diferencias estadísticamente significativas en las especies de ganado en relación con el número de eventos de depredación. La mayor parte de ellos (61,6%) se dieron sobre el ganado que no tuvo métodos preventivos.

El análisis estadístico de la varianza de dos vías mostró un efecto significativo en las especies criadas; en particular, el número medio de animales muertos por evento fue mayor para las ovejas que para las otras especies. También se encontró un efecto significativo en el año de estudio, en particular, el número medio de animales matados por evento aumentó de 2005 a 2006, disminuyó en 2007 y luego aumentó gradualmente hasta 2012.

Características de los pastos que influyeron en la magnitud de los daños

Se encontraron correlaciones positivas y significativas entre el número de eventos de depredación y el porcentaje de bosque mixto caducifolio y el porcentaje total del mismo; se vio una correlación negativa como resultado del índice de forma. Además, el número de animales muertos se correlacionó positivamente con el porcentaje de bosques mixtos de hoja caduca y negativamente con el índice de forma.

El modelo de riesgo de depredación

La comparación entre los pastos con ≤ 1 eventos de depredación y los que tuvieron > 1 eventos de depredación mostró diferencias significativas desde cero para nueve variables. Además, la comparación entre pastos libres de daños y pastos con daños mostró diferencias significativas a partir de cero para tres variables.

Entre todos los modelos obtenidos teniendo en cuenta las dos clasificaciones de los pastos, se seleccionaron los tres mejores modelos para un total de seis variables en relación con la segunda clasificación (es decir, con pastos libres de daños y dañados como variable dependiente). El modelo medio mostró que el riesgo de depredación se incrementó con el pastoreo libre durante todo el año y con una presencia regular del pastor, mientras que el riesgo de depredación disminuyó con el uso de métodos de prevención, el índice de forma, el porcentaje de bosques de coníferas y la orientación.

El modelo clasificó el 32,1% de los pastos en bajo riesgo de depredación, el 24,5% en riesgo de depredación intermedia, y el 43,4% en alto riesgo de depredación. En general, el 56,6% de los pastos fueron expuestos a riesgos de depredación.

INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS SEGÚN LOS AUTORES

El número de eventos de depredación y animales muertos aumentó hasta 2010 y luego disminuyó. Las entrevistas con los ganaderos de la zona de estudio revelaron que en cinco casos, los propietarios de pastos particularmente susceptibles a la depredación tomaron medidas preventivas desde el año 2009, en particular, proporcionando refugio a las hembras que parieron, y durante la noche. La mayoría de los eventos de depredación (72%) y el número de animales muertos (68%) se concentró en verano y en segundo lugar, en otoño. Los períodos de mayores eventos de depredación difirieron entre las especies criadas; el ganado vacuno fue atacado sobre todo durante el período de pastoreo, mientras que las ovejas y las cabras desde principios de primavera hasta el verano. A partir de las entrevistas con los propietarios de las granjas, se observó que en la mayoría de los pastos en los que los nacimientos se produjeron en la zona de pastoreo, éstos no fueron sincrónicos y se dieron a lo largo de todo el periodo de pastoreo. Esto significó que los terneros de menos de 15 días de edad estuvieron disponibles para los depredadores de mayo a octubre. Por lo tanto, los lobos se alimentaron de ellos hasta el final del período de pastoreo. El pico de la depredación sobre las ovejas observado a principios de primavera, pudo explicarse teniendo en cuenta que en ese momento no hubo vacas en los pastos, ya que el período de pastoreo generalmente comenzó a finales de abril. Por el contrario, muchas granjas que criaron ovejas o cabras comenzaron el período de pastoreo entre finales de febrero y principios de marzo, y se encontraron en elevaciones más bajas que los pastos para las vacas.

Los resultados mostraron que los lobos en la zona de estudio depredaron principalmente sobre ganado vacuno (64% de los eventos de depredación y el 58% de los animales muertos). Esto es apoyado por el hecho de que de las 54 granjas encuestadas en el área de estudio, 35 criaron sólo este tipo de ganado.

Los autores encontraron que sólo un pequeño porcentaje de las granjas mostraron un alto nivel de conflicto (sólo el 3,9% de las granjas sufrió más de 10 ataques y sólo el 11,2% perdió más de 10 animales) y que, en los casos más críticos, los métodos de reproducción determinaron el conflicto. Este estudio mostró que los factores que influyeron de manera significativa en la probabilidad de depredación fueron el objetivo de producción, el método de pastoreo (libre o vallado) y la adopción de métodos de prevención. En cuanto a la finalidad productiva, se puso de manifiesto que la mayoría de las depredaciones fueron sobre fincas ganaderas en las que los nacimientos se produjeron en zonas de pastos. Con respecto a los métodos de pastoreo, se demostró que la mayoría de las depredaciones ocurrieron en granjas que practicaron el pastoreo libre durante al menos un período al año. Esta modalidad de pastoreo aumenta la accesibilidad del animal que es el factor principal que conduce a la depredación. También se observó que la mayoría de los ataques contra el ganado se produjeron cuando no se adoptó ningún método de prevención. La adopción de medidas de prevención, como los vallados, los perros guardianes, el refugio para los nacimientos y durante la noche, conlleva una reducción de la accesibilidad al ganado, un factor determinante para la reducción de daños (Mech y Boitani, 2003).

El número medio de animales muertos por evento fue mayor para las ovejas en comparación con las vacas y las cabras. La alta densidad de ganado, junto con la pérdida de respuesta a los ataques de depredadores causados por la vida doméstica, puede desencadenar este comportamiento depredador. El número medio de animales muertos por evento aumentó progresivamente entre 2005 y 2012. Esta tendencia pudo deberse a la formación en los últimos años de numerosas y estructuradas manadas de lobos (≥ ocho individuos, observación de los autores).

Se encontraron correlaciones positivas y significativas entre el número de eventos de depredación y el porcentaje de  bosques caducifolios, y una correlación negativa con respecto al índice de forma. El número de animales muertos también se correlacionó positivamente con este tipo de bosques y negativamente con el índice de forma. El aumento de la depredación junto con la complejidad forma de los pastos fue probablemente debido al aumento de los bordes entre los pastos y los bosques que hizo más difíciles la vigilancia y la detección del depredador par parte de los rebaños. En particular, la fuerte correlación entre el número de depredaciones y el porcentaje de bosques caducifolios fue debido al hecho de que los lobos seleccionaron este hábitat como refugio y para la caza de presas silvestres. A partir de estas consideraciones, pareció que la incidencia de depredación dependió del porcentaje de hábitat adecuado para el lobo dentro y alrededor de los pastos, que, a su vez, afectó a la probabilidad de encuentros entre el lobo y el ganado.

El análisis de las diferencias entre los valores de la variable de los pastos con la baja y alta tasa de depredación mostró que los pastos tuvieron una mayor superficie, perímetro y complejidad de forma. Probablemente depende del hecho de que una gran zona de pastos es más difícil de controlar por el pastor que una pequeña y del hecho de que una amplia zona de pastos se asocia a menudo con un rebaño numeroso (Mech et al., 2000). El aumento de la longitud del perímetro se asocia con un alto riesgo debido al aumento del área y la complejidad de la forma. Las altas tasas de depredación también estuvieron asociadas con el porcentaje de bosque caducifolio, el porcentaje de zonas boscosas y la altitud, mientras que los pastos con bajas tasas de depredación se caracterizaron por mayores porcentajes de áreas abiertas y bosques mixtos caducifolios y de coníferas. El efecto de la altitud estuvo probablemente relacionado con la distancia de los pastos a las zonas más frecuentadas por los seres humanos y a la mayor extensión de bosques caducifolios de montaña, que es el entorno más adecuado para las presas silvestres de los lobos.

Gracias al análisis de las diferencias medias entre los valores de las variables de pastos libres de daños y pastos con daños, se observó un menor número de variables con efectos significativos. En particular, mayores porcentajes de bosques de coníferas estuvieron asociados con pastos libres de daños y orientaciones norte estuvieron asociadas con los que mostraron daños. Los bosques de coníferas son menos atractivos para los ungulados silvestres que los de hoja caduca y por lo tanto están menos frecuentados por los lobos. Por otra parte, en las latitudes más características de la zona de estudio, la cara norte presentó a menudo peores condiciones meteorológicas que las del sur.

El modelo de riesgo de depredación mostró una buena capacidad predictiva. De acuerdo con este modelo, el riesgo de depredación puede aumentar si las granjas practican el pastoreo libre al menos por un período al año, si las granjas no están protegidas por medidas preventivas y, sorprendentemente, si el grado de vigilancia es regular o constante. Este inesperado resultado parece estar en contraste con los efectos conocidos de la presencia de pastores contra ataques de lobos, pero probablemente se relaciona con la más alta probabilidad de detección de depredación debida a una vigilancia regular de los pastos. El riesgo de depredación también se elevaría con el aumento de la complejidad de la forma de los pastos, la disminución en el porcentaje de bosques de coníferas y si el pasto está expuesto al norte. Sobre la base de este modelo, más de la mitad de los pastos estuvieron potencialmente expuestos a la depredación por lobos, pero los que estuvieron en alto riesgo fueron aproximadamente el 40% del total.

CONCLUSIONES

En el área de estudio, la cantidad de pagos que aportaron las dos administraciones provinciales de 2006 a 2011 fue de 29702 €; una cifra considerablemente más baja que la estimada por Ciucci y Boitani (2005), que calcularon que en Italia, se gasta un promedio de 5320 € al año por lobo, que debería traducirse en la entrega de 122360 € al año en el área de estudio. Sin embargo, en el área de estudio, se registraron cada año varios casos de lobos muertos ilegalmente, lo que dio a entender que el nivel de conflicto fue parcialmente independiente de la cantidad de daño. En consecuencia, es importante mitigar el impacto de la depredación por lobos también donde el impacto de la depredación es bajo. Sin embargo, las administraciones públicas limitaron los fondos asignados a los métodos de prevención y a los daños causados por los lobos a la ganadería. En la actualidad, no existe un criterio discriminante que otorgue fondos directos para medidas preventivas en algunos pastos en comparación con otros en el área de estudio. Sin embargo, la limitada disponibilidad de fondos hace que sea necesario que su asignación esté dirigida a las granjas con mayor riesgo de depredación. Con este fin, es importante obtener modelos de predicción de riesgo de depredación, desarrollados a partir de una muestra de los pastos estudiados en un área limitada que se pueda extender a los alrededores (Treves et al., 2004;.. Edge et al., 2011). Sin embargo, es necesario que la aplicación de las medidas preventivas en los pastos con mayor riesgo de depredación esté, sin embargo, acompañada de un sistema eficaz de pago por los daños causados por los depredadores. Por otra parte, algunos métodos de cría de ganado deben ser desalentados y otros animados y ayudados desde un punto de vista financiero. En particular, los autores demostraron que los nacimientos en los pastos de las fincas de ganado vacuno aumentaron el riesgo de depredación; en consecuencia, este método debe ser abandonado o limitado a los pastos con características que reducen el riesgo de depredación. Entre los métodos de prevención, parece que el refugio nocturno y para las hembras paridas son los más eficaces. Por otra parte, el apoyo financiero debería ser suministrado a las granjas que utilizan los pastores para la vigilancia periódica; de esta manera, se podría obtener un mejor seguimiento de los eventos de depredación y se podría conseguir su reducción. Por último, se debería evitar la concentración de los rebaños de ganado procedentes de varias granjas en pastos extensos, eligiendo zonas de pastoreo pequeñas y dispersas con una baja capacidad de carga ganadera y, posiblemente, lejos de grandes bosques.

REFERENCIAS

Ciucci P. and Boitani L. (2005). “Wolf-livestock conflict in Italy: methods, state of the art, research and conservation”, pp. 26–51. En: Ciucci P. et al., Eds. Grandi Carnivori e Zootecnia tra conflitto e coesistenza. Ozzano dell’Emilia: Istituto Nazionale della Fauna Selvatica “Alessandro Ghigi”. Biologia e Conservazione della Fauna 115.

Edge J. L., D. E. Beyer, J. L. Belant, M. J. Jordan and B. J. Roell (2011). “Adapting a predictive spatial model for wolf Canis spp. Predation on livestock in the Upper Peninsula, Michigan, USA”. Wildlife Biology 17: 1–10.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 26 de Septiembre de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/admin-apps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=ETHOL+ECOL+EVOL

Mech L. D. and Boitani L. (2003). Wolves. Chicago: The University of Chicago Press.

Mech L. D., E. K. Harper, J. Meiert and W. J. Paul (2000). “Assessing factors that may predispose Minnesota farms to wolf depredation on cattle”. Wildlife Society Bulletin 28: 623–628.

Milanesi P., A. Meriggi and E. Merli (2012). “Selection of wild ungulates by wolves Canis lupus (L. 1758) in an area of the Northern Apennines (North Italy)”. Ethology Ecology & Evolution 24: 81–96.

Treves A., L. Naughton-Treves, K. Harper, D. J. Mladenoff, R. A. Rose, T. A. Sickley and P. Wydeven (2004). “Predicting human-carnivore conflict: a spatial model derived from 25 years of data on wolf predation on livestock”. Conservation Biology 18: 114–125.

 

Cambios en las actitudes hacia los lobos antes y después de la temporada inaugural de caza y trampeo

Siguiendo el hilo de la temática de la anterior entrada, este artículo (aunque extenso) es destacable por el siguiente motivo: tal y como se expuso en la entrada del blog “una reflexión inevitable”, uno de los argumentos que se manejan para justificar el control poblacional del lobo es que su caza aumenta la tolerancia hacia la especie en zonas de conflicto. Este trabajo es un ejemplo de los resultados de la aplicación de esta idea en el estado de Wisconsin.

Fue publicado en la revista Environmental Conservation. En el año 2015 (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Environmental Conservation tuvo un «Factor de Impacto» de 2,235. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil

Conservación de la Biodiversidad

48 12

Q2

Ciencias medioambientales 225 90

Q2

Los autores y otros datos del artículo:

Hogberg, J., A. Treves, B. Shaw and L. Naughton-Treves (2015). «Changes in attitudes toward wolves before and after an inaugural public hunting and trapping season: early evidence from Wisconsin’s wolf range». Environmental Conservation: 1-11.

Una de las consideraciones de los autores en la introducción del trabajo, olvidada en muchos casos y obviada en otros, es la siguiente:

“La comprensión de los datos acerca de las actitudes del público tiene el potencial para guiar a los responsables políticos para implementar soluciones políticamente aceptables para equilibrar la conservación de la vida silvestre con las necesidades humanas”.

El Departamento de Recursos Naturales de Wisconsin (WDNR) puso en marcha una temporada de caza y trampeo del lobo en el invierno de 2012, lo que permitió la captura pública de lobos por primera vez desde 1957, época en la que se redujo su abundancia. Después de la exclusión del lobo de la lista federal de la Ley de Especies en Peligro de Extinción, la caza de lobos fue ordenada por la legislatura del estado de Wisconsin bajo la Ley 169, y se convirtió en ley el 2 de abril de 2012 (Wydeven et al., 2009; 2012). Los objetivos de la gestión de la caza del lobo incluyeron la reducción de la población a la meta de gestión de estado de 350 lobos (estimación en temporada baja), para reducir el conflicto con los seres humanos, y para «el mantenimiento de la tolerancia social» de la especie (WDNR, 2013).

Entre los objetivos, los autores midieron las actitudes hacia los lobos en un estudio longitudinal basado en una encuesta que se llevó a cabo tanto antes como después de la citada caza inaugural del lobo. En base a los hallazgos de anteriores estudios de actitud, los autores predijeron que las actitudes hacia los lobos y su gestión habrían cambiado desde 2009 entre los residentes de Wisconsin dentro del área de distribución del lobo. Dado que la implementación de la caza del lobo se produjo después de que los entrevistados fueran encuestados por primera vez, los autores estaban particularmente interesados en los efectos potenciales que este cambio de política habría ejercido sobre las actitudes de los cazadores.

Los autores asumieron la inviabilidad de un experimento de este tipo, por eso motivo se acercaron a las inferencias de las causas a través del antes y el después de las comparaciones de los mismos temas, en referencia a todos los residentes de Wisconsin en el área de distribución del lobo.

Debido a que pasaron cuatro años entre los estudios, los autores tuvieron un control imperfecto sobre las intervenciones (políticas o de otro tipo) que podrían haber causado cambios en los entrevistados. Los puntos del cuestionario se centraron en la caza pública y la temporada de trampeo, dado que esta intervención política fue evidente en las noticias, siguiendo el mandato legislativo de la caza inaugural del lobo. Los autores esperaron que su caza tuviese una influencia clave en el cambio de actitud en relación a los lobos y su política.

METODOLOGÍA

Una tanda de los encuestados fue muestreada por primera vez en 2001, otra tanda en 2004, y sólo aquellos miembros de ambas que vivieron en el área de distribución del lobo se volvieron a muestrear en 2009. La tanda de 2001 vivió dentro del área de distribución del lobo y se demostró que tuvieron una alta exposición a ellos. 528 miembros de la tanda inicial de 2001 estuvo formada por 67 propietarios con un pasado de ataques de lobo verificados sobre animales domésticos y 312 propietarios de los mismos condados seleccionados al azar de las listas de direcciones disponibles en el mercado; 48 cazadores de osos con ataques verificados de lobo sobre sus perros de caza y 101 miembros de la Asociación de Cazadores de Osos de Wisconsin (Wisconsin Bear Hunters Association) seleccionados al azar (Naughton-Treves et al., 2003). Se demostró que la tanda de 2004 tuvo una menor exposición a los lobos en comparación con la de 2001. Se seleccionaron al azar 1364 miembros iniciales de la tanda de 2004 de las listas de direcciones comerciales de tres códigos postales urbanos y tres códigos postales rurales. La mitad de los códigos postales estaban en el área de distribución del lobo y la mitad fuera. En 2009, todos los miembros anteriores de la tanda de 2001, y los 687 miembros de la tanda de 2004 que tenían las direcciones residenciales en el área de distribución del lobo (tres códigos postales: Butternut, Owen, and Wausau) fueron de nuevo muestreados (Treves et al., 2013).

En abril de 2013, se volvieron a muestrear todos los 736 encuestados de la última encuesta en 2009, conocidos como la tanda del área de distribución del lobo, además de todos los 575 encuestados de la encuesta de 2004, que vieron fuera de esta área. Se enviaron cuestionarios a los previamente encuestados que vivieron en el área de distribución de lobo, incluyendo una carta de presentación, pago de un incentivo de 2 US $, y un sobre de retorno postal con franqueo pagado. Se enviaron tarjetas postales como recordatorio dos semanas más tarde. A continuación, se realizó un análisis longitudinal para los encuestados que habían sido registrados en 2009.

Los autores definieron como cazadores encuestados a aquellos que confirmaron haber cazado en los últimos dos años (n = 342) o haber cazado con regularidad en cualquier otro momento de la vida (94 encuestados adicionales). La tanda del área de distribución del lobo no fue representativa de los residentes de Wisconsin por dos motivos: la muestra contenía un elevado porcentaje de los cazadores (81%) y significativamente más hombres (86%) que los representativos de la región dentro del estado. Esto fue debido a los diseños de las tandas de 2001 y 2004. La tanda de 2001 fue diseñada para sobre-representar a los cazadores de osos y a las personas con pérdidas verificadas debidas a los lobos (22%). La tanda de 2004 se sesgó hacia los hombres porque las listas de direcciones disponibles en el mercado proporciona generalmente una cabeza de familia varón (Tréveris et al., 2009). Aunque esta muestra no fue representativa, el enfoque de muestreo de los autores permitió centrarse específicamente en las actitudes hacia los lobos y la política hacia ellos de un grupo con fuertes puntos de vista de los lobos. Estos son los grupos de interés clave al considerar el comportamiento individual directo hacia los lobos, o la acción política indirecta hacia la política y la gestión estatal del lobo (Naughton-Treves et al., 2003, Treves et al., 2009).

Respuestas

En 2013, se recibieron 538 respuestas del área de distribución del lobo. 24 cuestionarios (3,2%) fueron devueltos sin respuesta, 174 (23,6%) no fueron devueltos, y 538 (73%) fueron devueltos con los datos. Sólo una de las 538 encuestas había eliminado los códigos de identidad, y 71 (13,2%) no coincidieron con el sexo y la edad del remitente inicial, para un total de 72 (13,4%) los destinatarios “no deseados” en 2013. La tasa de respuesta total fue del 84% cuando se descontaron los destinatarios a los que no se pudo entregar y los no intencionados (538 / [736-24-72]).

Los autores midieron el cambio en las actitudes en el área de distribución del lobo a lo largo del tiempo. Emplearon ambos métodos longitudinales con los residentes a quienes se pidió las mismas preguntas en 2009 y métodos transversales (cross-sectional methdos) para nuevas preguntas. Los estudios longitudinales permitieron el análisis del cambio dentro de las respuestas individuales a lo largo del tiempo, y reducir el sesgo del método de la varianza común en comparación con los estudios transversales (Donaldson y Grant-Vallone, 2002; Rindfleisch et al., 2008).

Puesta en funcionamiento de la tolerancia

En 2009 y 2013, se plantearon nueve estados que evaluaron las creencias, las emociones y las intenciones de comportamiento hacia los lobos y su gestión. Se preguntó a los encuestados que eligiesen una de cinco respuestas en una escala ordinal y asignasen las puntuaciones correspondientes para el análisis cuantitativo: muy de acuerdo (1), de acuerdo (2), neutro (3), en desacuerdo (4), muy en desacuerdo (5). Se incluyeron cuatro declaraciones negativas y cinco positivas que reflejaron creencias, emociones o intenciones. Dos declaraciones en relación a las creencias acerca de los lobos y ciervos, dos acerca de la ecología en general de los lobos, dos acerca de su caza, dos sobre emociones relacionadas con los lobos y una relacionada con el daño provocado por los lobos a los animales domésticos y las preferencias relacionadas con su gestión. Los autores combinaron aritméticamente estos nueve estados en una variable colectiva de múltiples cuestiones (collective multi-item variable), a la que se refirieron  como la construcción de tolerancia, de forma similar a la construcción de tolerancia en escala (scaled tolerance construct) usada en Treves y colaboradores (2013), aunque utilizando más elementos.

La hipótesis fue que las actitudes hacia los lobos entre los residentes en el área de distribución de los lobos habrían cambiado desde 2009. Para comprobarlo, se calcularon los cambios en las respuestas a los nueve estados dentro de la construcción de tolerancia. Se restaron las puntuaciones de las respuestas de 2013 (escala de 1 a 5) de las puntuaciones de las respuestas de 2009 para cada declaración con el fin de determinar los valores de cambio individuales. Para las declaraciones negativas, se convirtieron las puntuaciones en valores negativos. Entonces se sumaron los valores de cambio para cada declaración para determinar el cambio total en la tolerancia a la variable de múltiples cuestiones por encuestado. Los valores positivos de cambio indicaron una mayor tolerancia con el tiempo y los valores negativos indicaron una menor tolerancia con el tiempo.

Los autores pusieron a prueba la fiabilidad interna de los nueve artículos en la construcción de tolerancia utilizando Cronbach’s Alpha. Dentro de la construcción de las nueve declaraciones, se comprobó el sesgo entre cazadores,  el sesgo de no respuesta, y el sesgo de género mediante la prueba t de Student para dos muestras suponiendo varianzas desiguales. Se utilizó una sola muestra, la prueba t de Student bilateral (two-sided Student’s t-test) para el cambio dentro de las respuestas individuales a partir de 2009 a 2013. También se aplicó esta prueba para cada uno de los nueve estados para discernir qué declaraciones revelaron los mayores cambios a través de los individuos. Además, para evaluar si las 5 escalas de respuesta tenían estimaciones sesgadas de cambio, se examinaron las declaraciones que mostraron cambio significativo en el tiempo. Se evaluó la cantidad de subestimación restando las respuestas positivas extremas (muy de acuerdo o muy en desacuerdo con una declaración positiva o negativa, respectivamente) a partir de las respuestas positivas extremas (muy de acuerdo o muy en desacuerdo con una declaración negativa o positiva, respectivamente).

Además, se estimó el cambio en la percepción subjetiva de la tolerancia. Se preguntó a los encuestados que informasen de su tolerancia de dos formas gramaticales ligeramente diferentes. En primer lugar, en 2009, se les planteó la declaración: «Mi tolerancia hacia los lobos aumentaría si la gente pudiera darles caza”, y después en 2013 se planteó la declaración: » Mi tolerancia hacia los lobos ha aumentado desde que la gente puede darles caza”. Dado que la temporada de caza y trampeo se abrió en 2012, los autores se vieron obligados a cambiar la redacción entre 2009 y 2013. Asumieron que las dos preguntas midieron actitudes muy similares, por lo que restaron la respuesta de 2009 de la de 2013 usando la misma puntuación como en la construcción de tolerancia (1 = muy de acuerdo, 5 = muy en desacuerdo). La escala fue de -4 (hacia desacuerdo); (1-5) a 4 (hacia un acuerdo); (5-1). Restaron la respuesta de 2013 de la de 2009 para medir el cambio, donde los valores negativos indicaron una disminución en el acuerdo, y los valores positivos indicaron un aumento en el acuerdo con el tiempo, y se aplicó una sola muestra, la prueba t de Student bilateral para el cambio en respuesta individual de 2009 a 2013.

RESULTADOS

Características de la tanda en el área de distribución del lobo

El 81% de los que volvieron a ser encuestados dentro del área de distribución del lobo fueron cazadores (los encuestados que declararon “haber cazado en los últimos dos años” o haber “cazado con regularidad en cualquier otro momento de la vida”); (89 % de los varones, y el 37% de las mujeres). El 86% de los encuestados fueron hombres, y la edad media fue de 55 años. Los resultados del cuestionario de 2013 indicaron que la mayoría (66%) de los encuestados dentro del área de distribución del lobo aprobaron enérgicamente la decisión legislativa para abrir la temporada de caza y trampeo de 2012-2013, seguido por el 13% que lo aprobó ligeramente, el 9% que fueron neutrales o no supo, el 5% que mostró cierta desaprobación, y el 7% que lo desaprobó firmemente (n = 454).

La hipótesis de la tolerancia

Los autores predijeron que la tolerancia hacia los lobos cambió entre los residentes dentro de su área de distribución. Encontraron un cambio significativo desde el año 2009 dentro de las respuestas individuales a la construcción de tolerancia, lo que significó una disminución de la tolerancia. La tolerancia disminuyó desde que los encuestados dentro del área de distribución del lobo fueron muestreados previamente en el año 2009, con un cambio promedio hacia la intolerancia de -1,66. Cuando se dividieron en subgrupos con diferentes niveles de aprobación de la decisión legislativa para mantener la caza de 2012-2013, detectaron que había una disminución significativa en la tolerancia a lo largo del tiempo entre los que aprobaron enérgicamente o ligeramente la decisión de celebrar la caza. No encontraron ningún cambio significativo en la tolerancia entre aquellos que fueron neutros, parcialmente o totalmente en desacuerdo en la decisión de celebrar la caza de 2012-2013. Las nueve preguntas de la encuesta fueron internamente fiables. Encontraron moderada consistencia en la predicción del cambio individual en la respuesta a los nueve estados, lo que indicó que algunas de las preguntas mostraron más o menos cambios que los demás.

Los encuestados definidos como cazadores dentro del área de distribución del lobo mostraron significativamente menor tolerancia hacia los lobos desde 2009. No se detectaron diferencias entre los cazadores y no cazadores dentro del área de distribución del lobo para el cambio en la construcción de tolerancia. Ambos grupos mostraron una disminución similar en la tolerancia a lo largo del tiempo.

Los encuestados en el área de distribución del lobo en 2013, no difirieron significativamente en sus respuestas de los encuestados en 2009 en relación a la construcción de la tolerancia de los nueve estados.

Cuatro elementos mostraron cambios significativos en las personas de 2009 a 2013 entre los residentes dentro del área del lobo; hubo un cambio neto del 35% hacia un acuerdo con la afirmación «Matar lobos es la única manera para que dejen de amenazar los animales de granja y mascotas”; un cambio neto del 17% hacia un acuerdo con la afirmación «Creo que la creciente población de lobos de Wisconsin amenaza las oportunidades de caza del venado”; un cambio neto del 45% hacia el desacuerdo con la afirmación «Debemos dejar que la naturaleza determine el número de lobos”; y un cambio neto del 12% hacia el desacuerdo con la declaración, «yo me opondría a toda caza de lobos”.

Para evaluar si hubo algún sesgo en los cinco puntos de escalas de respuesta, se examinaron los cuatro estados que mostraron cambio significativo en el tiempo y se calculó si la escala limitó a los encuestados que desearon seleccionar una respuesta más extrema. En 2013, se observó que las respuestas negativas extremas superaron a las respuestas positivas extremas por 29-53%. Por lo tanto, es posible que se subestimase el descenso de la intolerancia reportado anteriormente.

Sesgo

Se encontró una diferencia significativa entre hombres y mujeres dentro del área de distribución de los lobos en términos de cambios en la tolerancia. El cambio medio en la intolerancia de los hombres fue -1,9. En el caso de las mujeres fue de 0,17, efectivamente cero.

Informe de la tolerancia

En 2013, cuando se preguntó acerca del informe sobre los cambios en la tolerancia desde la caza de los lobos, el 36% de los residentes encuestados dentro del área de distribución del lobo estuvo de acuerdo con la afirmación: «Mi tolerancia para los lobos en Wisconsin ha aumentado desde que la gente puede darles caza». El 27% de ellos reportó estar neutral, y el 37% no estuvo de acuerdo con la declaración. Cuando se comparó con las respuestas anteriores a la declaración similar de 2009 de los mismos individuos, “Mi tolerancia hacia los lobos en Wisconsin aumentaría si la gente pudiera darles caza”, encontraron un cambio neto (20%) hacia el desacuerdo. Los encuestados dentro del área de distribución del lobo cambiaron una media de -0,51 en una escala de -4 a +4, lo que indicó una tolerancia inferior.

INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS SEGÚN LOS AUTORES

No se encontraron pruebas de que la tolerancia individual hacia los lobos entre los residentes del área de distribución del lobo aumentase en el año siguiente a la temporada de caza y trampeo de 2012. Aunque una mayoría aprobó la decisión legislativa para mantener la caza de lobos, se detectó una reducción general en la tolerancia a lo largo del tiempo entre los hombres entrevistados que fueron cazadores en el área de distribución del lobo desde 2009.

Por el contrario, la muestra de mujeres dentro del área de distribución del lobo (n=47) no mostró ningún cambio significativo en la tolerancia. Estos resultados subrayan la importancia de incluir a las mujeres en la formulación de políticas sobre fauna y la necesidad de un mayor estudio de las percepciones y actitudes de las mujeres hacia los lobos y otros grandes carnívoros.

Los autores encontraron cambios significativos en las respuestas a las cuatro preguntas dentro de la construcción de tolerancia. Los residentes dentro del área de distribución del lobo estuvieron cada vez más de acuerdo en que los lobos deberían gestionarse, en parte a través del control letal de lobos implicados en casos de depredación, y creyeron que la población de lobos compitió con los hombres por los ciervos en Wisconsin. El apoyo al control letal fue consistente con la aprobación de la decisión de implementar la caza de lobos. En otras palabras, no hubo ninguna indicación clara de que los cazadores recién autorizados para cazar lobos adoptaran actitud más positiva hacia ellos, y mucho menos un sentido de administración para la especie.

Según los autores, las motivaciones principales para la caza y el trampeo del lobo son propensas a dar forma a los niveles de población preferidos de los cazadores y las políticas de gestión. Los cazadores motivados por el valor recreativo de la caza (por ejemplo, el desafío de la caza, las habilidades y métodos de entrenamiento, o el tiempo pasado fuera de casa), con el tiempo pueden avanzar hacia una actitud más positiva y, finalmente, la gestión de la población de la especie. Sin embargo, los cazadores de lobos que están motivados para participar en la caza por el miedo o la hostilidad, probablemente serían menos propensos a gestionar las poblaciones de grandes carnívoros.

Encontraron una cambio neto (20%) hacia el desacuerdo con la declaración: «Mi tolerancia para los lobos de Wisconsin ha aumentado desde que la gente puede darles caza” de 2009 a 2013. Ofrecieron tres posibles explicaciones para este hallazgo: (1) A pesar de que los encuestados en 2009 anticiparon que su tolerancia a los lobos aumentaría si la gente pudiera darles caza, para el año 2013 estaban insatisfechos y afectó a su tolerancia en la autoevaluación hacia los lobos. Por ejemplo, los residentes en el área de distribución de los lobos podrían haber querido una disminución en el conflicto entre lobos y humanos, una mayor o menor reducción en la población de lobos, más o menos emisión de permisos de caza, u otros eventos o efectos que pudieron tener lugar. (2) Pudo haber un sesgo cognitivo, donde los encuestados estuvieron «votando» para la caza del lobo en 2009, es decir, con la esperanza de que podrían provocar su puesta en práctica. El apoyo a la decisión de realizar la caza del lobo es consistente con esta hipótesis (la mayoría dentro del área de distribución del lobo). En 2013, los encuestados pudieron no sentir la necesidad de expresar su aprobación. (3) La teoría de la disonancia cognitiva (Festinger 1957; Olson y Stone 2005) postula que las personas buscan la coherencia en sus actitudes y creencias. Quizás los encuestados en 2009 creyeron que iban a ser más tolerantes con los lobos si había una caza pública, pero, en 2013, evitaron la disonancia seleccionando constantemente opciones que justificaron la reducción de las poblaciones de lobos.

En 2013, algunos residentes del área de distribución del lobo reportaron un aumento de su tolerancia desde que las personas fueron autorizadas para cazar lobos (36%). Estos informes fueron incompatibles con la tendencia al declive de la tolerancia que se midió, y mostraron un desacuerdo entre los informes de la tolerancia y la construcción de tolerancia múltiple. Los informes de tolerancia que entran en conflicto con las mediciones de tolerancia apuntan a la necesidad de medidas longitudinales sobre medidas transversales, especialmente si los diferentes elementos del cuestionario se comparan entre los estudios. Por otra parte, la mayoría de los encuestados no informaron de si su tolerancia había aumentado o cambiado desde la caza de lobos. No pudieron discernir si los encuestados fueron conscientes de los cambios que detectaron en sus propias respuestas anteriores, o si la pregunta del informe midió algo más que el cambio en la intolerancia.

Según los autores, unas de las limitaciones de este estudio longitudinal es que no preguntaron a los encuestados que se identificaran como residentes tribales o no tribales. Otra limitación de este estudio se debió a la diversidad de los métodos con los que los investigadores definieron y pusieron en práctica la tolerancia. Si bien el estudio definió esto como una medida compuesta de las actitudes, las creencias, las emociones y las intenciones de comportamiento, no existe un método estándar para definir o medir la tolerancia.

Pudo haber varios factores que pudieron contribuir a la disminución observada en la tolerancia a los lobos entre los hombres que vivieron en el área de distribución del lobo en Wisconsin. Estos factores incluyeron: una combinación del conflicto directo, percibido y esperado con los lobos en las comunidades del norte y el centro de Wisconsin, los polémicos cambios en la gestión del lobo durante el intervalo de muestreo para el estudio, incluyendo el oscilante estado político de los  lobos (volver a poner y excluir de la Ley de Especies en Peligro de Extinción; Olson et al., 2014), la reanudación del control letal (Treves et al., 2013), y en particular la declaración y la aplicación de la caza de lobos. Además, el contexto de la aplicación de la caza del lobo (una decisión por mandato del gobierno) pudo haber tenido un efecto sobre las actitudes.

En resumen, la temporada inaugural de caza y trampeo del lobo en Wisconsin no invirtió la tendencia a la baja tolerancia a los lobos entre los residentes masculinos (predominantemente cazadores) que vivieron dentro del área de distribución de la especie.

REFERENCIAS

Donaldson, S. I. and E. G. Grant-Vallone (2002). “Understanding self-report bias in organizational behavioral research”. Journal of Business and Psychology 17: 245–260.

Festinger, L. (1957). “A Theory of Cognitive Dissonance”. Evanston, IL, USA: Row, Peterson.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 15 de Septiembre de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/adminapps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=ENVIRON+CONSERV

Naughton-Treves, L., R. Grossberg and A. Treves (2003). “Paying for tolerance: the impact of livestock depredation and compensation payments on rural citizens’ attitudes toward wolves”. Conservation Biology 17: 1500–1511.

Olson, E. R., J. L. Stenglein, V. Shelley, A. Rissman, Browne-Nuñez, Z. Voyle, A. P. Wydeven, A.P. and T. Van Deelen (2014). “Pendulum swings in wolf management led to conflict, ilegal kills, and a legislated wolf hunt”. Conservation Letters (in press).

Olson, J. M. and J. Stone (2005). “The influence of behavior on attitudes”. En: The Handbook of Attitudes, ed. D. Albarracin, B. T. Johnson & M. P. Zanna, pp. 223–271. Mahwah, NJ, USA: LawrenceErlbaum Associates.

Rindfleisch, A. J., A. J. Malter, S. G. Ganeson and C. Moorman (2008). “Cross-sectional versus longitudinal survey research: concepts,findings, and guidelines”. Journal of Marketing Research 45: 261– 279.

Treves, A., N. Naughton-Treves and V. Shelley (2013). “Longitudinal analysis of attitudes toward wolves”. Conservation Biology 27: 315– 323.

Treves, A., R. Jurewicz, J. Naughton-Treves and D. Wilcove (2009). “The price of tolerance: wolf damage payments after recovery”. Biodiversity and Conservation 18: 4003–4021.

WDNR (2013). “DNR Secretary Cathy Stepp statement on lawsuit to re-list Western Great Lakes wolves”. News release 12 Feb 2013 [www document]. URL http://dnr.wi.gov/news/BreakingNews_Print.asp?id=2659

Wydeven, A. P., J. Wiedenhoeft, R. N. Schultz, R. P. Thiel, R. R. Jurewicz, B. Kohn and T. R. Van Deelen (2009). “History, population growth and management of wolves in Wisconsin”. En: Recovery of Gray Wolves in the Great Lakes Region of the United States: an Endangered Species Success Story, ed. A.P. Wydeven, T.R. Van Deelen & E.H. Heske, pp. 87–106. New York, NY, USA: Springer.

Wydeven, A.P., J. Wiedenhoeft, R. N. Schultz, J. E. Bruner and S. R. Boles (2012). “Wiscons in Endangered Resources Report#143: status of the timber wolf in Wisconsin”. Bureau of Endangered Resources, Wisconsin Department for Natural Resources, Madison,WI, USA [www document]. URL http://dnr.wi.gov/ topic/Wildlifehabitat/wolf/documents/ERReport143.pdf

 

 

 

 

 

Apoyo a la caza como medida de control poblacional del lobo en Suecia

Una vez más, el blog se sale de su temática habitual. En esta ocasión nos ha parecido interesante un tema en relación a la opinión pública. Bajo este polémico título, se llevó a cabo un estudio en el año 2004 en Suecia en el que se examinaron las circunstancias bajo las que el público sueco estaría dispuesto a apoyar la caza de lobos. Para ello, se estudió la respuesta del público en general y de tres sectores en concreto: el total de cazadores, la población que vivió en las zonas con poblaciones de lobo y los cazadores que vivieron en áreas con poblaciones de esta especie.

El trabajo fue publicado en la revista Wildlife Biology. En el año 2015 (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Wildlife Biology tuvo un «Factor de Impacto» de 0,745. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil

Zoología

160 111

Q3

Ecología 149 123

Q4

Los autores y otros datos del artículo:

Ericsson, G., T. A. Heberlein, J. Karlsson, A. Bjarvall and A. Lundvall (2004). «Support for hunting as a means of wolf Canis lupus population control in Sweden”. Wildlife Biology 10 (4): 269-276.

Merece la pena incluir uno de los párrafos introductorios del estudio porque, en numerosas ocasiones, se da a entender que las diferentes opiniones a la hora de encontrar una solución consensuada en zonas en las que existe un problema con el lobo, es una cuestión actual o de ciertos grupos de población, cuando es un tema que se lleva estudiando mucho tiempo.

Textualmente:

“Desde hace tiempo se ha reconocido que el público en general puede tener ideas y prioridades sobre el manejo de la vida silvestre que son diferentes de las de los gestores profesionales (Kellert, 2000; Mech 2001). Por esta razón, los gestores han recurrido a encuestas desde 1973 (Williams et al., 2002) para conocer las actitudes y opiniones hacia los lobos del público en general o de sectores específicos. Por tanto, las encuestas juegan un papel cada vez más importante en la gestión de la vida silvestre  (Decker et al., 2001). Normalmente, estos estudios han mostrado que el público en general tiene una actitud positiva hacia los lobos (Williams et al., 2002), no puede soportar cualquier control de la población, o lo ofrece sólo bajo ciertas circunstancias”.

Como ya se ha adelantado, el objetivo de la investigación fue aprender en qué circunstancias cada uno de los cuatro grupos: público, cazadores, público en zona de lobos y cazadores en zona de lobos apoyarían la caza como medio de control de su población.

Para ello, se obtuvo una muestra aleatoria de la población general sueca de edad comprendida entre los 16 y los 65 años desde PAR (Person- och Adressregistret, SE- 117 90 Estocolmo, Suecia), una fuente a la que se tiene completo acceso, está continuamente actualizada y sin restricciones al registro nacional. Este recurso incluye a todos los residentes permanentes de Suecia (público de aquí en adelante). Para encuestar a los tres grupos, en primer lugar se obtuvo una muestra del público en las provincias donde los lobos estuvieron presentes (en lo sucesivo denominado público en zona de lobos) (Wabakken et al., 2001) de la misma fuente que la muestra pública. Del registro oficial de personas que pagaron la cuota de caza anual obligatoria, se obtuvieron muestras de los cazadores fuera del área donde vivían lobos (cazadores) y cazadores dentro de estas zonas (cazadores en zona de lobos). El público no cazador fuera de la zona de lobos constituyó el 94,3 % de la población sueca de entre 16-65 años, los no cazadores en zona de lobos representaron un 1,1 %, los cazadores representaron alrededor del 4,6 % de la población, y los cazadores en zona de lobo comprendieron aproximadamente el 0,1 %.

La tasa de respuesta para el público fue del 73 % y completó 707 encuestas utilizables. El público en zona de lobos entregó 175 encuestas, dando una tasa de respuesta del 72%. Los dos grupos de cazadores fueron más propensos a entregar las encuestas. Los cazadores mostraron una tasa de respuesta del 84 %, y los cazadores en zona de lobos el 86 % de encuestas, incluidas aquellas de los encuestados que inicialmente fueron seleccionados por ser público en zona de lobos, pero respondieron positivamente a las preguntas de control que en realidad deberían haber sido clasificados como cazadores en zona de lobos.

Entre otras cuestiones, los autores presentaron cinco justificaciones para el uso de la caza como medida de control de daños en una secuencia ininterrumpida y preguntaron si los encuestados las aceptaban o no (sí, no, no sé). En el siguiente orden preguntaron «¿Es aceptable cazar lobos para controlar su número y distribución

  • porque los lobos compiten con los humanos por la caza?
  • para reducir el riesgo de muerte de animales domésticos (por ejemplo, vacas, ovejas , renos)?
  • porque la gente tiene miedo ?
  • si los lobos pierden el miedo natural a los seres humanos y entran en las zonas pobladas?
  • para reducir el riesgo de muerte de perros?»

El estudio estadístico se realizó mediante el análisis de varianza (ANOVA) y las pruebas χ2 (SAS Institute, 1989), y se utilizó un test de Tukey (en concreto conservative Tukey’s Studentized Range post-hoc test) para investigar las diferencias por pares entre los niveles de las variables independientes.

RESULTADOS

El público aceptó la caza del lobo bajo dos de las cinco condiciones que se presentaron; el 53 % aceptó la caza para proteger el ganado y el 54% si los lobos perdiesen el miedo natural a los seres humanos y entrasen en las zonas pobladas. Los tres sectores en concreto mostraron un apoyo mucho más fuerte bajo estas circunstancias que el público; el 68% del público en zona de lobos apoyó la caza del lobo con el fin de proteger el ganado y el 65% de este mismo sector para mantener a los lobos lejos de las zonas pobladas. De 10 cazadores, 8 aceptaron la caza bajo estas justificaciones y 9 de cada 10 de los cazadores en zona de lobos apoyaron la caza para proteger el ganado y para mantener a los lobos lejos de las zonas pobladas. Del público, el 30% se opuso a la caza para proteger el ganado y el 25% para mantener a los lobos lejos de las zonas pobladas.

Los autores señalaron que, mientras que la mayoría del público apoyó la caza del lobo en estas dos circunstancias, el apoyo no fue fuerte. Del público, el 17% fue neutral en su apoyo a la caza para proteger el ganado. Ellos tuvieron significativamente más probabilidades de ser neutrales que los tres en concreto. Del público, el 21% fue neutral en cuanto a la caza de lobos para mantenerlos fuera de las zonas pobladas. Los cazadores fueron menos propensos a ser neutrales bajo esta justificación que el público, al igual que los cazadores en zona de lobos en comparación con el público en zona de lobos.

La mayoría del público se opuso a la caza del lobo bajo la premisa del miedo de la gente a los lobos (60%) y bajo la de la competencia por la caza (70%). Una mayoría del público en zona de lobos también se opuso a la caza por el mero hecho de tener miedo a los lobos (53%) y por su competencia con la caza (64 %). Del mismo modo, la mayoría de los cazadores no apoyó su caza por el miedo de la gente a los lobos (apoyo 36 %) o porque compitiesen por la caza (el apoyo del 35%). Los cazadores en zona de lobos mostraron más apoyo para la caza bajo estas circunstancias, pero incluso en este grupo la mayoría no apoyó la caza del lobo. Salvo en el grado de apoyo, los cuatro grupos fueron de la misma opinión.

En cuanto a la cuestión de los perros, se vieron diferencias evidentes entre los tres sectores. Del público, el 53 % se opuso a la caza del lobo para reducir el riesgo de muerte de los perros. En cambio, el 56% de los cazadores apoyó la caza para reducir este riesgo, y el 70 % de los cazadores en zonas de lobos apoyó la caza bajo esta premisa. El público en zona de lobos mostró opiniones divididas, con un 37% de apoyo a la caza, un 42% se opuso y el 21% fue neutral.

INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS SEGÚN LOS AUTORES

Los autores indicaron que, según los datos, no es correcto decir que los suecos siempre se opondrán a la caza del lobo. Sin embargo, en su opinión, los gestores no deben ser inducidos a error. No se observó un fuerte apoyo público para la caza del lobo, ni siquiera bajo las cinco justificaciones consideradas en el estudio. Si una persona en Suecia fuera atacada por un lobo, el apoyo para el control del número de lobos a través de la caza sin duda aumentaría. Aumentos notables en los daños a la ganadería o muertes brutales de ganado por los lobos altamente publicitadas también podrían modificar las opiniones hacia la caza. Sin embargo, los autores encontraron que el 13% de la población se opuso por aquel entonces a la caza del lobo bajo cualquiera de las cinco justificaciones.

Según los autores, sus datos también mostraron que los cazadores no apoyaron la caza del lobo bajo todas las circunstancias. Aun cuando se podría esperar que protegieran su propio interés y apoyasen la caza del lobo porque compiten con ellos por las presas, la mayoría de los cazadores no lo hicieron. Sin embargo, los autores opinaron que fue seguro decir que los cazadores fueron más propensos a apoyar la caza para controlar los lobos que el público en base a las cinco justificaciones. También indicaron que es realmente cierto que los cazadores y el público que vive en zonas con lobos son más propensos a apoyar la caza para el control de poblaciones con el fin de proteger el ganado y mantener a los lobos fuera de las ciudades (por ejemplo Sharpe et al., 2001). Sin embargo, continuaron diciendo que los gestores también deben darse cuenta de lo pequeños que son estos grupos de interés. En consecuencia, un delicado problema de una sociedad democrática es equilibrar los puntos de vista de los grupos de interés de diferente tamaño cuando las políticas se forman y ejecutan (Decker y Chase, 2001).

Finalmente indicaron que hay circunstancias en las que el público sueco apoyará la caza del lobo para controlar sus números. Este apoyo no es tan abrumadoramente fuerte como lo es entre los cazadores, pero hay un claro apoyo mayoritario. Con el fin de ganar el apoyo público a las justificaciones de caza de lobo podrían incluir la protección del ganado y el mantenimiento de los lobos en estado silvestre y fuera de las zonas urbanizadas. Los tres sectores adicionales, cazadores, público en zona de lobos y cazadores en zona de lobos representaron una proporción muy pequeña de la población. Sin embargo, las opiniones de estos grupos fueron similares a las del público para cuatro de las cinco condiciones, y los cazadores estuvieron más preocupados por la seguridad de los perros que los otros grupos. Por lo tanto, la cuestión de la protección de los perros como única razón para la caza del lobo, aunque popular entre los cazadores y en especial entre los cazadores locales, no va a obtener un amplio apoyo público. En conclusión, los autores no encontraron ninguna barrera infranqueable pública que impida el control del número de lobos a través de la caza en Suecia, proporcionaron las justificaciones para hacerlas aceptables.

REFERENCIAS

Decker, J. D. and L. C. Chase (2001). “Stakeholder involvement: Seeking solutions in changing times”. En: Decker, J. D., Brown, T. L. and Siemer, W. F. (Eds.); Human Dimensions of Wildlife Management in North America. The Wildlife Society, Bethesda, MD, USA, pp. 133-152.

Decker, J. D., T. L. Brown and W. F. Siemer (2001). “Understanding hunting participation”. En: Decker, J. D., Brown, T. L. & Siemer, W. F. (Eds.); Human Dimensions of Wildlife Management in North America. The Wildlife Society, Bethesda, MD, USA, pp. 289-306.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 12 de Septiembre de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/adminapps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=WILDLIFE+BIOL

Kellert, S. R. (2000). “The public and the wolf in Minnesota, 1999”. 276 © Wildlife Biology 10:4 (2004)- International Wolf Center, Brooklyn Center, Minnesota, USA, 412 pp.

Mech, L. D. (2001). “Managing Minnesota’s recovered wolves”. Wildlife Society Bulletin 29: 70-77.

SAS Institute (1989). SAS/STAT®. User’s Guide. Version 6, Fourth Edition, Volume 1 and 2. – SAS Institute Inc., Cary, N.C., USA, 1686 pp.

Sharpe,V. A., B. Norton and S. Donnelley (2001). “Wolves and Human Communities”. Biology, politics, and ethics. Inland Press, Washington. D.C., U.S.A, 321 pp.

Wabakken, P., H. Sand, O. Liberg and A. Bjärvall (2001). “The recovery, distribution, and population dynamics of wolves on the Scandinavian peninsula, 1978-1998”. Canadian Journal of Zoology 79: 1-16.

Williams, C. K.,  G. Ericsson and T. A. Heberlein, (2002). “A quantitative summary of attitudes toward wolves and their reintroduction (1972-2000)”. Wildlife Society Bulletin 30 (2): 575-584.

 

Una nota acerca de la dieta del lobo (Canis lupus) en Baltistán, Pakistan

El trabajo fue publicado en la revista Pakistan Journal of Zoology en el año 2012.  En el año 2015 (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Pakistan Journal of Zoology tuvo un «Factor de Impacto» de 0,699. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil
Zoología 160 140

Q4

Los autores y otros datos del artículo:

Anwar, M. B., M. S. Nadeem, S. I. Shah, A. R. Kiayani and M. Mushtaq (2012). «A note on the diet of Indian wolf (Canis lupus) in Baltistan, Pakistan.» Pakistan Journal of Zoology 44 (2): 588-591.

Este estudio aportó información sobre la composición de la dieta de los lobos a través del análisis de excrementos en la región de Baltistán de Pakistán.

El estudio se realizó en Tehsil Mushabrum, Distrito Ghanchey de Gilgit Baltistán provincia de Pakistán. Los excrementos  (n = 10) fueron recogidos de forma oportunista durante la expedición de recogida de excrementos de leopardo de las nieves (Panthera uncia) desde noviembre de 2007 hasta marzo de 2008. Las muestras se recogieron siguiendo las pistas de los lobos en elevaciones comprendidas entre los 3200 y los 3275 m. Los excrementos fueron confirmados/identificados mediante el uso de marcadores genéticos.

Para el análisis de la dieta, los pelos no digeridos fueron aislados para la comparación microscópica con una clave de referencia (Oli, 1993; Anwar et al., 2011). La composición de la dieta y el consumo relativo del tipo de alimento se determinaron mediante el uso del porcentaje de frecuencia de aparición. También se calculó la composición de biomasa.

RESULTADOS Y CONCLUSIONES

Diez excrementos de lobo se obtuvieron de 8 localidades diferentes. El diámetro medio fue de 2,4 cm (rango = 1,5-3,0), con una longitud media total de 16,2 cm (rango = 10-31). El número medio de segmentos fue 5,2 (rango = 2-9). Cinco se encontraron con extremos romos y 5 con extremos afilados. El peso medio fue 38,59 g (rango = 6,34 a 122,76).

La cabra doméstica fue la presa más frecuentemente encontrada (25 %) en la dieta de lobo. El yak fue la segunda (12,5 %). Otras presas incluyeron a las ovejas domésticas, las cabras montesas del Himalaya, la marmota de Kashmir y vacas, cada una con una frecuencia del 6,25 %. La materia vegetal se observó con una frecuencia del 12,5 %. El resto de los alimentos no identificados contribuyeron con alrededor del 25 %.

En términos de biomasa, el yak fue la presa más importante (59,2 %). Las cabras domésticas, el ganado y las cabras montesas le siguieron con 14,0 %, 13,5 % y 7,8 %, respectivamente. Las ovejas domésticas contribuyeron con un 3,98% de la biomasa, mientras que la marmota lo hizo con un 1,56 %. El alimento preferido del lobo en áreas de Baltistán fue el yak seguido de la cabra doméstica y el ganado. Los resultados de este estudio mostraron que el 90,7 % de la dieta del lobo en términos de biomasa vino del ganado doméstico.

Según los autores, el estudio representó una señal de alarma. La fuerte dependencia de la ganadería doméstica indicó que la base de presas para el lobo fue extremadamente rara. Consideraron que este hecho requiere de la intervención de las autoridades competentes para tomar medidas para el desarrollo de las poblaciones de ungulados silvestres y así poder reducir al mínimo la dependencia del lobo de ganado doméstico. En vista del estado de amenaza local del lobo en Pakistán aún es más importante para gestionar adecuadamente las poblaciones de ungulados salvajes y depredadores y así poder ayudar a conservar la población de carnívoros silvestres en general y la de lobo en particular.

REFERENCIAS

Anwar M. B., R. Jackson, M. S. Nadeem, J. E. Janečka, S. Hussain, M. A. Beg, G. Muhammad and M. Qayyum, (2011). Eur. J. Wildl. Res.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 22 de Agosto de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/admin-apps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=PAK+J+ZOOL

Oli M. K. (1993). J. Zool. (London) 231: 71-93.

 

 

Un comentario sobre la influencia de los dingos en la cabaña ganadera ovina de Australia

A pesar de que el trabajo no está basado en el lobo, merece la pena tenerlo en cuenta para comparar y valorar una situación similar a la de la especie en cuanto al hipotético “tremendo impacto” sobre la cabaña ganadera que en ocasiones se quiere achacar a algunos depredadores. En este caso, el artículo es un comentario sobre la influencia del dingo sobre la cabaña ganadera ovina en Australia. El trabajo fue publicado en la revista Australian Veterinary Journal en el año 2014.  En el año 2015 (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Australian Veterinary Journal tuvo un «Factor de Impacto» de 0,699. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil
Ciencias veterinarias 138 87

Q3

Los autores y otros datos del artículo:

Forsyth, D. M., A. P. Woolnough, D. G. Nimmo, E. G. Ritchie, M. Kennedy, A. Pople and I. Watson (2014). «A comment on the influence of dingoes on the Australian sheep flock.» Australian Veterinary Journal 92(12): 461-462.

El punto de partida del comentario fue un artículo publicado por Allen y West (2013) en el que propusieron que los dingos (Canis dingo, incluidos los híbridos con perros asilvestrados C. lupus familiaris) son un factor causal fundamental en la disminución de los rebaños de ovejas de Australia (Ovis aries) y daban a entender que los dingos causarían la desaparición de la industria ovina dentro de 30 -40 años. Los autores del artículo estuvieron de acuerdo en que la depredación del dingo puede reducir la rentabilidad de las explotaciones de oveja y tiene importantes consecuencias sociales negativas sobre las comunidades rurales, y que las vallas de exclusión y una amplia gama de métodos de control letales son las opciones para reducir estos efectos negativos. Sin embargo, argumentaron que se ha exagerado la importancia de los dingos como causa de la disminución de los rebaños de ovejas en Australia.

La cabaña ganadera australiana alcanzó un máximo de 180 millones en 1970, declinó y luego aumentó a 170 millones en 1990, pero desde entonces ha disminuido drásticamente a 74 millones en 2011. Estos descensos a largo plazo se han observado en otras grandes naciones del hemisferio sur. En Nueva Zelanda alcanzó un pico de 70 millones en 1982, pero desde entonces ha declinado a los 31 millones en 2011. Los mamíferos depredadores de ovejas están presentes en Argentina, Sudáfrica y Estados Unidos (Berger, 2006), pero no en Nueva Zelanda.

La similar tasa de disminución de la cabaña ovina en Australia y en otros países productores, sugiere que influyen cuestiones básicas más amplias en la industria en Australia que solo la depredación por el dingo. Algunas de las revisiones detalladas publicadas sobre la industria de las ovejas en Australia desde 1990 (Martin et al., 2004; Henzell, 2007; Curtis, 2009; Rowe, 2010) atribuyen la disminución de la cabaña ganadera ovina a una disminución a largo plazo del precio real pagado por la lana en comparación con otros tejidos, y al alto coste de su crecimiento y procesamiento y la reducción de su rentabilidad a favor del crecimiento en relación con otros productos agrícolas. Una revisión señaló la importancia de la depredación de ovejas por el dingo en Australia durante los años 1800 (Henzell, 2007) pero ninguna la mencionó como una causa de su disminución después de 1900.

Los ganaderos esperan maximizar la rentabilidad de sus negocios (Martin et al., 2004). Por lo tanto, la disminución sostenida de la rentabilidad de los productos derivados de la oveja, en particular la lana, con respecto a la carne, los productos lácteos y el trigo se ha traducido en un gran aumento de la población de vacas en Australia y el área de producción de trigo (Martin et al., 2004; Rowe, 2010). El número de ovejas ha disminuido en todas las regiones de Australia, pero desde 1990 lo ha hecho en su mayoría en las zonas de trigo-ovino, donde los agricultores han reducido sus rebaños de ovejas y  aumentado sus áreas de cultivo de trigo (Martin et al., 2004). Los terrenos de pasto del interior, no son aptos en su mayoría para el cultivo de trigo y los productores de lana han reducido sus rebaños y aumentado el número de vacas (como por ejemplo en Nueva Gales del Sur y Queensland) (Martín et al., 2004). La cría comercial de cabras (Capra hircus) ha cobrado cada vez más importancia para los productores/ganaderos en estas áreas, con algunas reducciones en las densidades ovejas para aumentar sus crías de cabras (Forsyth et al., 2009). Esto ha ocurrido debido a que el precio de la lana ha disminuido desde 1990, pero el precio pagado por cada cabra ha aumentado sustancialmente (Forsyth et al., 2009) y se ha visto acompañado por un aumento en la abundancia de cabras en algunos pastos de ovejas tradicionales (Pople y Froese, 2012).

Según los autores, la gestión de los depredadores de ovejas como los dingos es un coste de producción, y las decisiones sobre su gestión dependerán de la percepción del beneficio frente a los costes. Creen que la reducción de la inversión en la gestión del dingo destacado por Allen y West (2013) es un síntoma más que una causa de la disminución de la rentabilidad de la cría de ovejas en los pastos de Australia (Berger, 2006). Si el beneficio de la gestión dingo excede el coste, entonces la decisión económicamente racional sería hacerlo.

REFERENCIAS

Allen B. L. and P. West (2013). “Influence of dingoes on sheep distribution in Australia”. Aust. Vet. J. 91:261–267.

Berger K. M. (2006). “Carnivore-livestock conflicts: effects of subsidized predator control and economic correlates on the sheep industry”. Conserv. Biol. 20:751–761.

Curtis, K. (2009). “Wool desk september 2009; changes in the Australian sheep industry”. Department of Agriculture and Food,Western Australia.

Forsyth D. M., J. P. Parkes, A. P. Woolnough y colaboradores (2009). “Environmental and economic factors determine the number of feral goats commercially harvested inWestern Australia”. J. Appl. Ecol. 46:101–109.

Henzell, T (2007). “Australian agriculture: its history and challenges”. CSIRO Publishing, Collingwood.

Journal Citation Reports (2016). Consultado el 21 de Agosto de 2016. http://sauwok5.fecyt.es/admin-apps/JCR/JCR?RQ=IF_CAT_BOXPLOT&rank=1&journal=AUST+VET+J

Martin P., J. King and W. Shafron (2004). “Australian wool industry”. Australian Wool Innovation Limited, Canberra.

Pople, T. and J. Froese (2012). “Distribution, abundance and harvesting of feral goats in the Australian rangelands 1984−2011. Department of Employment, Economic Development and Innovation, Brisbane.

Rowe J. B (2010). “The Australian sheep industry: undergoing transformation”. Anim. Prod. Sci. 50:991–997.

 

Incidencia real de la depredación del lobo en la ganadería

En este artículo, los autores compararon dos métodos de estudio de la alimentación del lobo con el fin de distinguir las presas consumidas como carroña de las que fueron atacadas con vida. El estudio fue publicado en la revista Galemys en el año 2000. Galemys, Spanish Journal of Mammalogy, es la revista oficial de la SECEM (Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos) que publica artículos y notas breves originales bajo el formato Open Access, redactados en español o inglés y que versan sobre cualquier tema relacionado con los mamíferos, preferentemente de la Península Ibérica, Islas Baleares y Canarias.

Los autores y otros datos del artículo:

Urios, V., C. Vilà and J. Castroviejo (2000). «Estudio de la incidencia real de la depredación del lobo en la ganadería comparando dos métodos distintos.» Galemys 12 (8): 241-248.

En España los daños que los lobos producen a la cabaña ganadera varían con intensidad según la zona, el tipo de ganado y la densidad de los lobos presentes. La relación entre daños y número de lobos varía según la disponibilidad de presas salvajes y la cantidad de ganado existente. Un problema a la hora de valorar los daños achacados a los lobos es poder verificar realmente la declaración de los ganaderos, que el autor ha sido el lobo y que cuando se estudia su alimentación por medio de estómagos o excrementos el ganado no ha sido consumido como carroña (Llaneza, 1997).

El objetivo del estudio fue obtener datos de la totalidad de los ataques al ganado en el área donde se estudió la alimentación y la ecología espacial, con el fin de delimitar sus características y ver si correspondían tanto cuantitativamente como mensualmente con los datos de alimentación.

El área de estudio se situó en el NO de la Península Ibérica, en un espacio de unos 4000 km2 situado entre las poblaciones de León y Zamora.

Las metodologías que se compararon fueron:

  1. el análisis de excrementos (un total de 1163 recogidos en un período aproximado de 3 años) con el objetivo de cuantificar el consumo de ganado (Urios, 1995) y
  2. entrevistas personales. Durante todos los meses de los años transcurridos entre 1987 y 1990 (ambos incluidos) se entrevistó a todos los pastores y propietarios de rebaños de un total de 12 municipios del área de estudio, que constituyeron una media de entre 1500 y 2000 reses con una media de 100 cabezas por rebaño, (algunos pueblos tuvieron varios). En cada entrevista se completó una ficha con los siguientes datos: número de veces que el lobo atacó al ganado en el último mes, depredación del lobo en la ganadería, el día y la hora del ataque y si se produjo con éxito, se especificaron los daños.

Todos los datos se refirieron a ovejas y en menor medida a cabras porque fueron menos numerosas. Las vacas y los caballos sólo se usaron como animales de tracción y estuvieron estabulados de forma continua.

RESULTADOS

En los excrementos de detectó la presencia de cabras en el 7,6% de los casos y de ovejas en el 15,2%. En términos de biomasa, el consumo de ganado representó el 23,7%, siendo el 15,7% de ovejas y el 8% de cabras.

De los 82 ataques registrados, el 70% ocurrieron entre noviembre y febrero y el 76% de ellos se produjeron entre las 16h 30′ y las 18h (Urios et al., 1993a; Urios et al., 1993b). Del total de 82 ataques, en 25 ocasiones no hubo depredación y en 57 sí (mínimo de 1 cabra o oveja y máximo de 30 por ataque). De estos 57 ataques, 9 se realizaron a rebaños sin pastor a su cuidado en el momento del ataque, que provocaron la muerte de entre 1 y 30 ovejas o cabras por ataque. Sumando un total de 76 reses muertas. En las 48 ocasiones restantes sí que hubo un pastor a su cuidado, causando un total de 120 muertes, de entre 1 y 14 cabezas por ataque.

INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS SEGÚN LOS AUTORES

Según los autores, los datos mostraron con claridad que en el área de estudio el número de ataques fue muy bajo a pesar de que el ganado constituyó el 22,8% de la presencia total en los excrementos, de lo que se deduce que debieron ser consumidas casi en su totalidad como carroña. Confirmó esta hipótesis el hecho de que la mayor parte de los ataques se produjeron entre las 13’30 y las 18h (76 de 88). Las horas en la que se detectó la menor probabilidad en la zona, según el ciclo de actividad diaria del lobo (Vila, 1993), cabe resaltar que durante los seguimientos de los lobos radiomarcados, se observó como el rebaño se dirigió al lugar de encame de los lobos (en el que llevaban varias horas) y los perros lo levantaron, lo que llevó al pastor a interpretarlo como un ataque.

El que los ataques tuviesen lugar a las horas indicadas es debido principalmente a que el ganado estuvo encerrado entre las 19h y las 8 h del día siguiente, aproximadamente. Por otro lado, también se detectó que la mayoría de los ataques se produjeron cuando el rebaño se dirigió a los pastos o cuando regresó al redil ya por la tarde. Pudo ser porque el rebaño fue más vulnerable cuando estuvo en movimiento a causa de una menor vigilancia por parte del pastor y sus perros y a las ovejas que parieron y se quedaron más atrás del grupo.

Según los autores, los mastines realizaron una gran labor en cuanto a la defensa del ganado. No se registró ningún ataque con éxito en rebaños que tuvieron al menos 2 mastines adultos, o perros grandes suficientes (5 ó 6).

El hecho de que la distribución de los ataques fuese en los meses de noviembre a febrero podría tener varias explicaciones:

  1. las necesidades energéticas del grupo alcanzó su máxima en estas fechas, antes de la independencia de los jóvenes, etapa en las que incrementan sus necesidades de alimento
  2. la falta de presas jóvenes y fáciles de capturar durante el invierno y
  3. la coincidencia de las primeras tentativas de caza de los jóvenes que no conocen el peligro de atacar los rebaños y que podría llevarles a buscar presas fáciles y llamativas.

Destacaron, que aunque no se pudo cuantificar, la realidad del bajo número de ataques al ganado en zonas como la del estudio (con presas alternativas como el corzo y el jabalí) y la concentración de estos ataques en determinados meses, debería conllevar la reinterpretación de los datos sobre consumo de ganado en el sentido en que se asigna habitualmente como matados por el lobo a los restos encontrados de cadáveres o los datos obtenidos por análisis de excrementos o estómagos (García-Gaona et al., 1987).  Se debería interpretar que fueron consumidos como carroña.

Si asumimos que, si se dan circunstancias favorables, los lobos matan más de lo necesario, habría que exponer hipótesis que expliquen este comportamiento. Una de las más aceptadas es que, de este modo, los lobos dispondrían de carne de reserva para cuando hubiera escasez, en especial en las etapas en las que las temperaturas son bajas, y que este comportamiento fue seleccionado a través de la evolución. Pero esto debería estar originado por dos aspectos:

  1. El único fin de la caza del lobo no es el de conseguir alimento, sino que existe una parte de actividad lúdica propiamente dicha y de cohesión social que hay que tener en cuenta; es decir, que pueden cazar sin necesidad, al contrario que otros predadores (Urios, 1996).
  2. El estímulo de gran intensidad que puede suponer para un predador la visión de una presa aparentemente tan fácil de capturar como una oveja. Todos los procesos que llevan a cargo los predadores a la hora de seleccionar presas con algún tipo de discapacidad se dispararían provocando más muertes de las necesarias.

En todo el tiempo que duró el estudio sólo se dio un episodio de tales características, a causa del abandono del ganado durante la noche en el monte por parte de una vecina inexperta en el manejo del ganado (que fue de 300 ovejas). Al volver por la noche se dejó 135 ovejas en el monte y los lobos mataron 28. Este dato no fue aislado y coincidió con otros en cuanto a que las lobadas se produjeron cuando el ganado estuvo sólo. Por lo tanto se pudo confirmar que una de las mejores soluciones para evitar las lobadas fueron: vigilar el ganado, mantenerlo encerrado de noche y tener siempre dos o más mastines a su cuidado.

En conclusión, en zonas con disponibilidad de suficientes presas salvajes y un manejo ganadero adecuado, los ataques al ganado fueron despreciables aunque éste sí formó una parte importante de la dieta en forma de carroña.

REFERENCIAS

García J. F., F. González, O. Hernández, J. Naves, Solanas and J. C. del Campo (1987). “La alimentación del lobo (Canis lupus) en el Principado de Asturias y su incidencia en la cabaña ganadera”. II jornadas de estudio y debate «El lobo ibérico». Salamanca 1987.

Llaneza, L. (1997). “Aproximación a la problemática de los daños atribuidos al lobo”. Veteriana y fauna salvaje: 55-82. Tomo II. Ed. Colegio Oficial de Veterinarios de Zamora.

Urios, V. (1996). “Eto-ecología de la depredación del lobo Canis lupus signatus en el NO de la Península Ibérica”. Tesis doctoral. Universidad de Barcelona.

Urios, V., C. Vilà and J. Castroviejo (1993a). “Time distribution of iberian wolf (Canis lupus signatus) predation on livestock”. Abstracts of XXIII International Ethological Conference. Torremolinos. España.

Urios, V., C. Vilà and J. Castroviejo (1993b). “Relevance in the diet and time distribution of iberian wolf predation on livestock”. Procedings of International wildlife Management Congress. Costa Rica.

Vila, C. (1993). “Aspectos morfológicos y ecológicos del lobo ibérico (Canis lupus)”. Tesis doctoral. Universidad de Barcelona.

 

Grandes carnívoros que matan ganado: ¿realmente existen los “individuos problemáticos”?

El trabajo fue publicado en la revista Wildlife Society Bulletin en el año 1999.  En el año 2015  (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Wildlife Society Bulletin tuvo un «Factor de Impacto» de 0,781. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil

Zoología

125 49 Q2
Conservación de la biodiversidad 48 32

Q3

Ecología 124 74

Q3

Los autores y otros datos del artículo:

Linnell, J., J. Odden, M. Smith, R. Aanes and S. Swenson (1999). «Large carnivores that kill livestock: do ‘‘problem individuals’’ really exist?». Wildlife Society Bulletin 27: 698-706.

Conceptualmente, existen dos categorías de individuos problemáticos dependiendo de la escala de la matriz de distribución ganado-carnívoro. En una matriz de “grano-grueso”, en la que la mayoría de los carnívoros no disponen de ganado dentro de sus territorios, un animal problemático puede ser cualquier individuo que se encuentre en un lugar inapropiado (tipo 1). Sin embargo, en un matriz de “escala fina”, donde todos los individuos tienen ganado dentro de sus territorios, un individuo problemático sería aquel que mata más ganado por encuentro que otros individuos (tipo 2). La asunción subyacente del paradigma del “individuo problemático” es que sólo una pequeña proporción de los individuos de una población de carnívoros es la responsable de la mayoría de las depredaciones de ganado. Esta asunción en raras ocasiones, si es que se ha hecho, se ha comprobado. En esta revisión, los autores examinaron la evidencia a favor o en contra de la existencia de individuos o grupo demográfico, dentro de una población de carnívoros, que pueden matar una desproporcionada cantidad de ganado.

¿Juveniles inexpertos o adultos enfermos?

El ganado doméstico ha perdido virtualmente todos sus ancestrales comportamientos antidepredadores, y representan una presa relativamente fácil de matar cuando se compara con especies silvestres de tamaño similar. Por ello, se ha esperado que depredadores juveniles, viejos o adultos enfermos aprovechen la ventaja de este recurso y ataquen al ganado con mayor frecuencia que los ejemplares de edad intermedia. Los autores citan una serie de estudios que tratan sobre esta hipótesis y en ellos se demuestra que los animales jóvenes son peores cazadores que los animales de mayor edad, empeñan más tiempo en capturar cada presa y se alimentan de presas más fáciles de matar. No obstante, los estudios no aportaron datos sistemáticos recientes de individuos independientes y los autores afirmaron que no soportaron la existencia de ningún tipo de individuo problemático.

Se encontraron algunos pocos casos en los que carnívoros jóvenes mataron más presas de las esperadas. Estas pocas excepciones se dieron en las proximidades de áreas protegidas. A menudo fueron juveniles, sobre todo machos, con más tendencia a dispersarse y adentrarse en zonas conflictivas (Saberwall et al., 1994). Esta evidencia estaría de acuerdo con la categoría del problema “individuo en el lugar inadecuado” (tipo 1). A pesar de la lógica de este argumento, los autores consideraron que hubo poca evidencia de que los juveniles maten un número desproporcionado de ganado/encuentro que los adultos (tipo 2).

Por mucho tiempo se ha asumido que los individuos viejos o enfermos podrían recurrir al ganado cuando fuesen incapaces de cazar presas silvestres, aunque la evidencia que avala este hecho es mínima. La única evidencia procedió de jaguares (Panthera onca) en América del Sur y Central (Hoogesteijn et al., 1993). La mayoría de los otros estudios revisados por los autores revelaron que los depredadores de ganado gozaron de buen estado de salud. Por este motivo, consideraron que no posibilitaron ninguna evidencia firme de ningún tipo de problema individual.

¿Qué sexo está generalmente implicado en la depredación de ganado?

En general, ambos sexos están implicados en la depredación de ganado, pero existe una casi universal tendencia hacia los machos en los casos de individuos que han sido disparados o atrapados tras episodios de depredación. No obstante, este patrón no se ha detectado en especies sociales como los lobos. Según los autores, esta tendencia podría deberse a un proporción de sexos (sex ratio) sesgada hacia los machos o bien a unas técnicas de depredación que los hace más vulnerables.

La mayoría de las especies de carnívoros muestran algún grado de dimorfismo sexual (Gittleman y Valkenburgh, 1997). Unido a esto se han detectado diferencias intersexuales en la dieta de muchas especies (Pulliainen et al., 1995; Sunde y Kvam, 1997). Mientras que el tamaño corporal podría explicar que los machos maten ganado de mayor tamaño, no explica que las hembras sean tan pequeñas como para que tengan que matar ovejas o cabras. Por otro lado, los territorios y los movimientos de los machos podrían suponer una mayor tasa de encuentro con el ganado o quizás haya algo intrínseco en los machos que promueva el hecho de asumir mayores riesgos (Wilson et al., 1994). A pesar de todo esto, los autores no se consideraron capaces de distinguir entre los dos posibles tipos de individuos problemáticos que los machos podrían representar.

¿Surplus killing: individuos problemáticos o comportamiento natural?

El hecho de encontrar múltiples cadáveres de ganado sin comer o parcialmente depredados es un componente común en los casos de depredación de carnívoros sobre el ganado (Andelt et al., 1980; Fox y Chundawat, 1988; Anderson et al., 1992; Fritts et al., 1992) y el hecho de que existe un “individuo problemático” en la zona es ampliamente reclamado por los ganaderos. Sin embargo, existen muchas evidencias que indican que el “surplus killing” es una extensión natural del comportamiento de “muerte múltiple”, donde se matan más presas de las que se pueden comer de una vez para consumirlas totalmente en un tiempo posterior más prolongado. Según los autores, este tipo de comportamiento es adaptativo si surge la oportunidad. Se ha propuesto que, mientras que el comportamiento de búsqueda puede ser inhibido por la muerte y la saciedad, no lo consigue el comportamiento de muerte múltiple (Kruuk, 1972). Sin embargo, se dan pocos casos de muertes múltiples en presas silvestres, debido al buen desarrollo del comportamiento antidepredador de la  mayoría de estas presas (Caro y Fitzgibbon, 1992).

Según los autores, la selección natural no debería favorecer el comportamiento de matar sólo lo que vas a ser capaz de comer de una vez bajo circunstancias artificiales. Por todo ello, el surplus killing no refleja la evidencia de que exista un problema individual de ningún tipo, aunque podrían darse diferencias en el modo en el que los individuos reaccionan a una situación dada donde exista la posibilidad de realizar este tipo de comportamiento (tipo 2).

Personalidad animal

Un prerrequisito para la presencia de individuos problemáticos de tipo 2 entre carnívoros que matan ganado es la existencia de individualidad entre carnívoros silvestres. La mayoría de los científicos que han estudiado individuos de cualquier especie de mamífero tienen tendencia a reconocer subjetivamente que diferentes individuos parecen comportarse de manera ligeramente distinta (Bekoff, 1977).

Aunque los análisis formales de patrones de personalidad no se han aplicado a carnívoros de otras especies, existen casos en la literatura que avalan la existencia de rasgos de comportamiento individuales. Para los autores, en primer lugar, los carnívoros de gran tamaño son intrínsecamente difíciles de estudiar; en segundo lugar, la observación investigadora de la depredación es rara. Es difícil reunir suficientes datos de cada individuo como para cuantificar un parámetro consistente de depredación individual; sin embargo, cada trabajo es vital. Los autores aprecian que es necesario parar de reunir variación como un inconveniente y examinar los individuos como individuos. Los ejemplos de los leopardos y los leones son la evidencia más firme disponible para la existencia de los dos tipos de problemas individuales. Abogan a la necesidad de datos sobre la ontogenia de imágenes de búsqueda, comportamiento de reconocimiento de presas y comportamiento de cambio cuando están presentes ambos tipos de presas: silvestres y domésticas. Sin embargo, debería estar claro que los carnívoros son organismos tan complejos y viven tanto tiempo que el potencial para la individualidad, y la creación de individuos problemáticos, existe.

Cuidado del ganado: ¿influye en el desarrollo de individuos problemáticos?

Los autores hipotetizaron que el cuidado del ganado fue el principal factor que lideró la posible formación de individuos problemáticos. En sistemas donde ovejas, cabras o vacas están continuamente cercadas, mantenidas en campo abierto, o confinadas por la noche en un vallado o estructura similar (Kruuk, 1980; Mizutani, 1993; Linnell et al., 1996), la depredación sobre el ganado requiere el desarrollo de un comportamiento especializado por parte del depredador. Para matar con éxito el ganado, el depredador tiene que sobrepasar al pastor y sus perros, entrar en campo abierto, o cruzar barreras físicas. Estos comportamientos requieren aprendizaje y no es factible que lo desarrollen animales jóvenes o las hembras que, de forma natural, son más cautas (Sukumar, 1991). No obstante, la distribución dispersa de ovejas a lo largo de un hábitat de caza normal de un carnívoro puede aumentar los encuentros entre éstos y las ovejas, sin ningún comportamiento de búsqueda requerido por parte del primero. Los autores plantean la hipótesis en la que, bajo estas condiciones, los individuos problemáticos (de tipo 1 o 2) son más difíciles que aparezcan porque la mayoría de ellos tienen la oportunidad de matar ganado sin el desarrollo de comportamientos especializados. Esto podría explicar por qué las pérdidas de ovejas en Noruega (Sagør et al., 1997) son mucho más elevadas que en otros países (Warren and Mysterud, 1995; Kaczensky, 1996).

Identificando y gestionando “individuos problemáticos”

Incluso si existen individuos problemáticos, su manejo es complicado. La gestión basada en la eliminación selectiva de individuos problemáticos depende de los métodos de control selectivos y de la capacidad de definir e identificar a esos ejemplares. Los autores indican que cualquier forma de control selectivo es preferible a una reducción amplia de la población. Aunque se usan a menudo traslocaciones como una alternativa no letal a la muerte de un individuo, hay muchos problemas con la rutina de uso de este sistema (Linnel et al., 1997). En efecto, la mayoría de las soluciones efectivas en el caso de especies amenazadas son: modificar las técnicas ganaderas o zonar el uso de la tierra para reducir o prevenir la depredación, más que depender de la reacción después del evento (Linnel et al., 1996).

CONCLUSIONES

Existe evidencia para creer que tanto individuos como grupos demográficos dentro de una población de carnívoros pueden mostrar diferentes rasgos de comportamiento. Esto podría, en teoría, producir “individuos problemáticos” que, a menudo, se asume que son los responsables de la mayoría de casos de depredación de ganado. Los machos adultos están implicados en más episodios de depredación que cualquier otra clase de edad o género, y hay poca evidencia de que los juveniles o los individuos viejos depreden desproporcionalmente sobre el ganado. El surplus killing debería considerarse como una extensión del comportamiento natural de muerte múltiple más que una evidencia de un individuo problemático. Los datos de campo no permitieron a los autores determinar si, de hecho, hay alguna diferencia individual cuando se consideran la disponibilidad de ganado y las tasas de encuentro. La única forma de obtener datos de campo es monitorizar de manera intensiva los movimientos y el comportamiento depredador de diferentes individuos en relación a la distribución del ganado. Cada trabajo es difícil y caro, pero vital para determinar si hay alguna base científica para el establecido paradigma de gestión de la eliminación de individuos problemáticos. Los autores plantearon la hipótesis de que la mayoría de los individuos de especies de grandes carnívoros podrán, al menos ocasionalmente, matar el ganado accesible que se encuentren. Si es así, esto implica que el control de individuos problemáticos necesitará eliminar la mayoría de individuos que tenga la posibilidad de encontrarse con ganado. Esto se podría aceptar si la conservación de los carnívoros se basa en zonas desiertas libres de ganado o de uso de la tierra, pero no funcionarán en paisajes en los que se den múltiples usos donde el ganado está disperso a través del área en la que los carnívoros están siendo conservados.

REFERENCIAS

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Bekoff, M. (1977). “Mammalian dispersal and the ontogeny of individual behavioral phenotypes”. American Naturalist 111: 715-732.

Caro, T. M. and C. D. Fitzgibbon (1992). “Large carnivores and their prey: the quick and the dead. Pages 117-142 in M. J. Crawley, editor. Natural enemies: the population biology of predators, parasites and diseases. Blackwell Scientific Publications, Oxford, England.

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Ataques a ganado ovino: características y factores de riesgo

El trabajo fue publicado en la revista Small Ruminant Research en el año 2012.  En el año 2015 (aún no están disponibles los datos para el año 2016), la revista Small Ruminant Research tuvo un «Factor de Impacto» de 1,083. La siguiente tabla muestra la clasificación de la revista en su categoría temática en función de este parámetro en el año 2015 (Journal Citation Reports, 2016).

Categoría de la revista

Total de revistas Posición de la revista Cuartil
Agricultura, ganadería y ciencias relacionadas 58 20

Q2

Los autores y otros datos del artículo:

Mattiello, S., T. Bresciani, S. Gaggero, C. Russo and V. Mazzarone (2012). «Sheep predation: Characteristics and risk factors.» Small Ruminant Research 105 (1-3): 315-320.

La investigación tuvo como objetivo obtener información sobre las características de las depredaciones en las granjas de ovejas del sur del Distrito de Pisa, con el fin de establecer modelos predictivos para un plan de prevención mejorado y más enfocado (Musiani et al., 2005) y apoyar las intervenciones de las autoridades públicas.

El estudio fue realizado en Val di Cecina, en el Distrito del Sur de Pisa (Toscana, Italia). En este área se confirmó la presencia estable de dos manadas de lobos en las Reservas Naturales de  Berignone-Tatti y Monterufoli-Caselli (AA. VV., 2007).

En mayo-abril de 2009, se realizaron estudios sobre 73 granjas semiextensivas de ovejas seleccionadas a través de la base de información obtenida por las Asociaciones de Agricultores (A.P.A., C.I.A., Coldiretti, Unione Agricoltori) y el Servicio de Salud Pública Local. Esta muestra incluyó casi todas las granjas de ovejas localizadas en la Provincia Sur de Pisa. Las únicas granjas excluidas del estudio fueron aquellas con menos de 10 animales y una granja cuyo agricultor no aceptó ser entrevistado. El tamaño del rebaño fue de un mínimo de 10 a un máximo de 1300 ovejas (media: 339 ovejas). La mayor parte de las granjas fueron gestionadas por familias y los agricultores vivieron en la granja.

Durante las visitas, se recogió información detallada a través de preguntas específicas. En primer lugar, para evaluar la importancia del problema, preguntaron sobre el número y la frecuencia de los episodios de depredación, sobre el número de ovejas matadas durante cada ataque, la identidad del depredador según el ganadero y si la identidad del depredador fue confirmada de otra manera. Entender la distribución temporal de los casos de depredación (frecuencia de aparición y año, estación y tiempo de presencia) puede ayudar a determinar la identidad del depredador y a recomendar estrategias apropiadas de prevención. Se preguntó sobre el tamaño de la granja (números de ovejas y superficie), la proporción de ovejas/ganadero, frecuencia de tiempo del ganadero con la oveja y factores medioambientales (cobertura de vegetación y proximidad a áreas protegidas) para poder identificar factores de riesgo y a partir de entonces, predecir las granjas que podrían estar en riesgo más alto de depredación. Finalmente, preguntaron sobre la presencia, el tipo y el uso de métodos de prevención (vallas o refugios nocturnos, perros guardianes u otros métodos) y, cuando fueron aplicados, una estimación de su eficacia para identificar las estrategias defensivas más provechosas.

Se realizaron una serie de análisis estadísticos para comparar variables continuas (distancia de las áreas protegidas, número de ovejas/granja, superficie de la granja y ovejas/pastor) y también para testar la distribución de frecuencias de las granjas afectadas por depredaciones (ausentes, esporádicas o crónicas) en función de su proximidad a las áreas protegidas, de la cobertura de la vegetación, de la presencia de pastores con las ovejas o el uso de vallados, protecciones u otros métodos preventivos.

RESULTADOS

Frecuencia y características de las depredaciones

En 55 de 73 granjas (75,3 %) los ganaderos relataron al menos un acontecimiento de depredación. No hubo depredación en 18 de las 73 granjas (24,7 %), fue esporádica en 28 (38,3 %) y crónica en 27 (37 %). El acontecimiento más antiguo fue en 1985, pero la mayor parte de ellos (66,7 %) ocurrieron después del año 2000. La información sobre casos de depredación antiguos fue escasa e incompleta. Por ello, la atención se enfocó en los acontecimientos que ocurrieron a partir de 2005. De 2005 hasta la fecha del presente estudio, 13 (23,6 %) de las 55 granjas objeto de depredación declararon un acontecimiento de depredación, 26 (47,3 %) relató 2-10 acontecimientos y las 16 restantes (29,1 %) más de 10.

Según los ganaderos, de 113 acontecimientos de depredación registrados detalladamente, 103 (91,2 %) fueron debidos a lobos, 3 a perros, 2 a jabalíes y el resto a depredadores no identificados. Sin embargo, la responsabilidad de lobos pudo ser confirmada (por observación directa o por inspección veterinaria) en sólo el 34 % (35/103) de los casos atribuidos a lobos.

La mayor parte de los acontecimientos atribuidos a lobos ocurrieron en primavera, con un pico en abril, y el 85,4 % de ellos (88/103) ocurrió durante la noche. El promedio de ovejas muertas durante cada ataque fue 7,05 ± 0,80 (mínimo 0, máximo 37). En el 22,3 % de casos (23/103), el número de ovejas matadas fue ≥10. Las ovejas (77,1 %) y corderos (22,2 %) fueron las presas más frecuentes, mientras que la depredación sobre machos fue casi inexistente.

Factores de riesgo

La proximidad (dentro de un perímetro de 5 kilómetros) a las áreas protegidas aumentó la probabilidad de una granja a sufrir una depredación crónica. La distancia media de las áreas protegidas fue significativamente más baja en las granjas sujetas a la depredación (6890 ± 744 contra 10716 ± 1072 m, con y sin depredación, respectivamente), sobre todo si la depredación fue crónica (4683 ± 465 contra 9682 ± 852 m, con depredación crónica y esporádica/ausente). La presencia de cobertura de vegetación media/espesa aumentó la frecuencia de depredación crónica. El tamaño de la granja, en términos de cantidad de ovejas y superficie, fue más elevado en granjas afectadas por depredación crónica. Además, estas granjas estuvieron caracterizadas por una relación más alta entre el número de ovejas y el número de pastores.

Métodos de prevención

Ni la presencia de los ganaderos viviendo en la granja, ni la presencia constante de un ganadero con las ovejas, o los procedimientos de control diarios de animales redujeron el riesgo de depredación. Los acontecimientos de depredación se dieron aún en presencia del ganadero, aunque, en estos casos, los ganaderos comentaron que el número de ovejas matadas fue inferior que durante los acontecimientos que ocurrieron en su ausencia.

Los únicos métodos de prevención adoptados fueron armas de gas, vallas nocturnas antilobo, refugios nocturnos y perros guardianes. No fue posible calcular la eficacia de las armas de gas, porque sólo estuvieron presentes en dos granjas y fueron usadas en combinación con otros métodos de prevención.

Las vallas de día estuvieron presentes en casi todas las granjas (71 de 73), mientras que las vallas nocturnas estuvieron presentes sólo en seis. Ninguna estuvo electrificada. Su presencia no ayudó a prevenir la depredación, y sus características (en términos de altura, la forma de red y el tamaño, el anclaje y la profundidad en la tierra) no afectaron a la frecuencia de depredación. Sin embargo, los ganaderos relataron un posible efecto antilobo de las vallas nocturnas a la hora de reducir la intensidad de depredación durante el verano, cuando las ovejas por lo general se dejan pastando durante la noche.

La presencia de refugios nocturnos ayudó a reducir parcialmente el riesgo de depredación crónica, pero sólo si este procedimiento fue adoptado para todos los tipos de animales (no sólo para las hembras preñadas y los corderos) a lo largo del año entero (no sólo durante la estación fría).

Los perros guardianes estuvieron presentes en 38 granjas (52,1 %). El número medio de perros en estas granjas fue 5 ± 0,5 perros/granja (rango: 1-15). Estuvieron presentes principalmente en fincas grandes (con un promedio de más de 500 ovejas/granja), y el número medio de ovejas por perro fue 119,5 ± 12,0 (media 20, máximo 325). Los perros habían estado presentes durante más de diez años en el 60,5 % (23/38) de las granjas, mientras que en el 20,8 % (8/38) de las granjas fueron introducidos después de 2005. Por lo tanto, no fue posible una comparación de la eficacia de los perros guardianes antes y después de su introducción . La frecuencia de depredación crónica fue más alta en granjas con perros guardianes que en aquellas sin ellos (52,6 % contra 20 %). Sin embargo, el 27 % de los ganaderos declaró que hubo una reducción de las depredaciones después de la introducción de perros guardianes.

INTERPRETACIÓN DE LOS RESULTADOS SEGÚN LOS AUTORES

Según los autores, el lobo es el autor más probable de la mayor parte de los casos de depredación. Aunque en muchos casos la responsabilidad no fue demostrada y sólo pudo ser supuesta, la distribución espacial  y temporal de los acontecimientos de depredación juntos con sus características parecen apoyar la hipótesis del papel del lobo en estos acontecimientos (Zimmerman et al., 2007).

El pico anual de depredación fue registrado en primavera. Para los lobos, representa un período crucial, como corresponde a la estación de nacimientos y por lo tanto a un aumento de las exigencias alimenticias de la manada (López, 1995). Además, los ataques fueron más frecuentes durante la noche, de acuerdo con el comportamiento típico del lobo (Zimmerman et al., 2007). El elevado número de ovejas matadas durante cada ataque confirmó los casos de lobadas (surplus killing), que con frecuencia se ha registrado en lobos sobre presas de tamaño medio, vulnerables y abundantes, como las ovejas de fincas, sobre todo durante la época de pastos (López, 1995).

La localización de los casos de depredación también sugirió que los lobos jugaron un papel importante en estos acontecimientos. La mayor parte de las granjas sujetas a depredación crónica se encontraron en un área dentro de 5 kilómetros de las dos Reservas Naturales de Berignone Tatti y Monterufoli-Caselli (AA.VV., 2007). Por  lo tanto, la proximidad a estas áreas pudo ser considerada como un factor de riesgo que pudo aumentar la probabilidad de depredación.

Otro factor de riesgo importante fue la presencia de cobertura vegetal. El tamaño de la granja y del rebaño, junto con una relación oveja/pastor elevada, también incrementó el riesgo de depredación. Esto pudo ser debido a que los grandes rebaños fueron más difíciles de controlar por el pastor o por los perros guardianes.

Las granjas más grandes también tendieron a tener una proporción de oveja/pastor más alta. Aunque el número de pastores aumente el tamaño del rebaño, esta tendencia no es lineal, y esto conduce a una relación no favorable en granjas muy grandes, donde un ganadero puede ser responsable de más de 500 ovejas. Esto obviamente reduce la posibilidad de control sobre los animales y aumenta el riesgo de depredación crónica. Esto pudo ser uno de los motivos por el que aún la presencia constante de un ganadero con las ovejas pudo no prevenir la depredación, aunque esto al parecer contribuyó a limitar las pérdidas. Un problema similar fue probablemente la razón principal de la baja eficacia de los perros guardianes. Los datos mostraron que el promedio de ovejas controladas por perro fue de 120. Este valor a menudo fue mayor, alcanzando picos de 325 ovejas/perro. Además, hubo que tener en cuenta que, sobre todo en los grandes rebaños, las ovejas fueron a menudo divididas en subgrupos, y el número de perros fue a veces insuficiente para controlar todos esos grupos más pequeños. Otra limitación en relación al uso de perros guardianes es la presencia de turistas en la zona. Si estos perros no están bien entrenados, pueden ser agresivos y representar un peligro para las personas Coppinger y Coppinger, 2005).

En el estudio, la presencia de perros guardianes no sólo tuvo baja eficacia para reducir la depredación, sino que incluso la probabilidad de una granja de ser objeto de una depredación crónica fue en aumento con la presencia de perros.

Los vallados diurnos y nocturnos, al parecer, no jugaron ningún papel para reducir la depredación. Tiene que apreciarse que, en la mayoría de los casos, estas vallas tuvieron la función única de control de las ovejas, y, aún en el caso de vallas nocturnas antilobo, no estuvieron electrificadas. Sin embargo, en el Distrito de Pisa, los agricultores estuvieron poco dispuestos a adoptar este método de prevención, debido al alto coste inicial de instalación (que parcialmente podría ser financiado por la administración pública) y, sobre todo, a los gastos de mantenimiento.

CONCLUSIONES

Los resultados de esta investigación destacaron el impacto de la depredación en el Distrito del Sur de Pisa y pusieron énfasis en la necesidad de encontrar soluciones técnicas y políticas a este problema. La atención debería enfocarse en las granjas grandes, con una cubierta de vegetación espesa y localizada cerca de las áreas protegidas. Aunque no se pudo obtener ninguna indicación clara sobre la eficacia de métodos de prevención, los estudios realizados en áreas similares indicaron que la adopción de cercados eléctricos, perros guardianes bien entrenados y/o otros métodos de prevención deberían ser fomentados por la Administración Pública en particular en granjas con las características antedichas, para probar la eficacia de estos métodos en estas áreas. Sin embargo, la información preliminar y una campaña de concienciación serían probablemente necesarias para animar a los ganaderos a adoptar métodos de prevención.

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